Inicia la transición en Venezuela; por Pedro Galvis / @pgalvisve

¡Venezolanos!

Ayer, 3 de enero de 2026, marcó un día histórico: una operación quirúrgica precisa de Estados Unidos capturó a Nicolás Maduro y lo sacó del país, poniendo fin a años de dictadura, corrupción y sufrimiento.

Hasta hace poco, muchos criticaban el enfoque de Trump hacia Venezuela. Pero cuando anunció que EE.UU. liderará directamente la reconstrucción, inspirado en cómo transformaron Japón después de la Segunda Guerra Mundial —con un liderazgo firme que desmilitarizó, desarmó, democratizó y impulsó un boom económico increíble—, todo cambió y Japón se convirtió en una potencia económica global. Estamos ante una oportunidad real de grandeza.

Trump promete un “Make Venezuela Great Again”: devolver las propiedades robadas a venezolanos y extranjeros, y usar nuestro enorme potencial petrolero como motor para revivir la economía. Venezuela tiene todo: las mayores reservas de petróleo del mundo, recursos naturales, tierras fértiles y un pueblo valiente que ha aprendido de décadas de traición y dolor.

Sus palabras reviven la lucha de nuestros mártires como Franklin Brito, convertidos en héroes por su dignidad, cuyos terrenos fueron expropiados, y de miles de empresarios que perdieron todo por el régimen. También recuerdan por qué es vital detener el avance del comunismo y los narcoestados en nuestro hemisferio.

Este proceso delicado requiere liderazgo competente y moral. EE.UU. guiará la transición pacífica y ordenada hacia la democracia y la prosperidad.

Cuando llegue el momento de elecciones libres y justas, María Corina Machado —la gran líder democrática, ganadora del Nobel de la Paz y símbolo de nuestra resistencia— será la legitimadora clave de este proceso, asegurando que el poder regrese realmente al pueblo.

No nos engañemos: la transición será compleja. Habrá que desmantelar estructuras corruptas arraigadas durante años, reconstruir instituciones destruidas, sanar heridas profundas y garantizar la seguridad en todo el territorio. Tendremos que enfrentar resistencias, ajustar economías distorsionadas y recuperar la confianza internacional. Será un camino exigente que demandará paciencia, unidad y disciplina de todos nosotros.

Pero miren el ejemplo de Japón: un país devastado por la guerra, con ciudades en ruinas y una sociedad traumatizada, se convirtió en apenas unas décadas en una potencia mundial de innovación, estabilidad y prosperidad. Lo lograron con reformas profundas, trabajo conjunto y un liderazgo claro. Venezuela tiene mucho más que Japón tenía entonces: recursos naturales inmensos, una población joven y talentosa, y la experiencia dolorosa que nos ha enseñado lo que nunca más debemos permitir.

Los resultados serán nuestro mayor premio: un país con orden, empleos dignos, servicios públicos que funcionen, educación y salud de calidad, seguridad en las calles y orgullo nacional renovado. Una Venezuela tierra de Gracia, donde nuestros hijos no tengan que emigrar para prosperar, sino que regresen para construir. Ese futuro vale cada esfuerzo que hagamos hoy.

Hoy, 4 de enero de 2026, es día de esperanza y júbilo. Tenemos razones para ser optimistas: ¡Venezuela renace!

Que Dios bendiga a Venezuela. ¡Hacia la libertad!

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