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Magistrados: Seis almas en el Saman; por: Luis M. Marcano S. / @LuisManuelAD1

Magistrados: Seis almas en el Saman; por: Luis M. Marcano S. / @LuisManuelAD1

Magistrados: Canto a la hidalguía desde Chile. Seis almas en el Saman

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A la presidenta Michelle Bachellet

Al Canciller  chileno Heraldo Muñoz

Al embajador Pedro Felipe Ramírez,

Al Ministro Consejero Roberto Araoz

 

El 21 de julio, mañana de mil soles y voces,

Levantamos la mano de muchos corazones,

Eran nuestros dedos, banderas de justicia,

Miradas a un futuro de zozobra,

Clamor de niños entregados al tambor de lucha,

Escudos de cartón, contra bombas y  lágrimas rapaces,

Dimos un paso al frente, con la ley en la mente,

Acribillamos de un suspiro al miedo,

Y nuestra voz, de altivo desafío,

Juró por Dios y sus designios,

Que contra toda bruma, que contra todo altivo,

Nuestra pluma así defendería 

A la patria, que herida de mil trazos,

Levantaba sus manos a nuestros brazos.

 

El 21 de Julio, Dios cambió nuestras vidas,

Fue una mañana de eterna algarabía,

Valientes, nos decían,  era un coro de grandes resplandores,

Las palabras latían en nuestros corazones.

Ibamos a ser presa de una cacería,

que volteó las miradas de América Latina, a nuestra patria herida y maltratada,

Magistrados, decían: irán al calabozo,

Y un esbozo de luz, de la bruma nacía,

Pobre en su choza al que clamor pedía, llenó nuestras entrañas

De amor y gallardía.

La renuncia pidió la penumbra escondida,

Maduro de un zarpazo, asi lo exigira,

Su poder era un mazo de cruenta cobardía,

La República austral, con sus alas al viento,

Recogió nuestro aliento, cuando en paso muy lento,

Nuestra alma se rendía.

 

II

 

Chile de Dios, Chile de Allende, Chile de Pablo Neruda,

No hay poema más bello que la vida,

No hay estrofa de luz, como tu abrazo,

Seis vidas están en tu regazo,

Son almas de la ley, eterna lucha,

Roberto Enríquez fue el primero,

Demócrata de vida, preso de un vil sendero,

Aquel hombre sin nombre, fraguó su carcelero,

Llegó a la austral morada, después de mil abrazos,

Mérida, Maracaibo, Apure, fueron su despedida,

Político de nombre y apellido,

Se convirtió tu casa, Chile, en nuevo nido,

Cristiano, su discurso, contra la negra bruma,

Su morada en penumbras, lejana de sus besos,

Libros que dejó al tiempo de Dios en sus designios,

Y Leonardo Rodriguez, el hijo de Aniceto, con conducta muy firme, y un amor entrañable, asumió la estrofa memorable,

Que la patria es de libres o asilo de los desesperados.

Elenis la segunda, Del Valle por su nombre, la virgencita clama: La ley ese, es mi norte, la lucha es hasta alcanzar la justicia,

Un centenar de almas encerradas, defendidos sin causa,

Niños encarcelados,  hombres de piel abierta a su destino,

A la defensa, sin oprobio y desatino, levantaba su voz de justa calma,

Fundeci, su tribuna, amor es su consigna,

La libertad del hombre, está en su firma,

Derechos del Humano, sagrado pensamiento,

Elenis con su voz los defendía.

José Fernando Núñez, tercero en el camino,

Abogado de la libertad, y de Ledezma,

Recto de proceder, limpio de esencia,

Su corazón no es como las piedras, es espuma de amor,

llano su camino, singular designio de un destino,

Dios, es su norte,  palabra sin recato,

Hombre y maestro de las pruebas.

 

Beatriz, quien fue la cuarta, de Anaco procedía,

Una personalidad de hierro la consagra.

Ruiz Marín de mazo en mano, Penal al delincuente,

Amor de corazón abierto, vida para el que vive, muerte, para quien muere,

Su sala es la punitiva esencia de los sabios,

Crimen al castigo, esencia divina, de mil voces.

Zuleima del Valle, el quinto encuentro,

de un oriente cercano, Anaco su destino,

Anaco, su camino.

Una vida de Dios y Ley, formó su esencia,

Y en laboral carrera trascendencia,

De los muchos amparos, desvalidos,

Del trabajo de ellos su defensa.

El último en  llegar a este destino de Dios, él lo sabía,

Luis Manuel,  amor es mi poesía

Roberto Araos, Ministro consejero,

Me recibió un domingo, de Cristo el compañero,

Aquel septiembre de plomo, y nube negra

La erguida Venezuela, mil almas protegía,

Siembra  a la buena tierra, con los días,

Cuando era un niño allá resplandecía,

la imagen del odio en blanco y negro,

Pinochet, le decían, y de Chile venían a nuestro suelo eterno,

Y con los años fui presa de los otros, la misma bruma negra,

A la austral luz, acudí sin recato,

Y la imagen de Pedro Felipe, me veía,

Hombre bueno, de diplomática presencia olor a libertad,

Pude sentir en hueso y sangre y vida

La voz de Chile en transparencia.

El 21 de Julio, magistrados,

Yo, revivi al Santiago de mis primeros días.

 

Luis Manuel Marcano Salazar 

Magistradco de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia

Diplomático de carrera jubilado

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