Memoria corta, ruta larga: las tres fechas que Venezuela no debe olvidar; por José Ignacio Gerbasi / @jgerbasi

Los venezolanos tenemos fama de memoria corta. Algunos dirán que la tenemos mala, y otros —los más generosos— que simplemente la tenemos selectiva, como esos álbumes de fotos familiares donde alguien, convenientemente, recortó a cierto pariente incómodo de todas las imágenes. Hoy, 1° de agosto de 2026, arranca —entre comillas, y con las comillas bien anchas— un "diálogo". Mientras los de siempre se acomodan la corbata frente a las cámaras y estrenan el vocabulario de la concordia, vale la pena hacer exactamente lo que a este país tanto le cuesta: recordar.

Porque no llegamos hasta aquí por generación espontánea. No llegamos hasta aquí porque unos señores decidieron, un jueves cualquiera, sentarse a conversar. Llegamos por una ruta. Y esa ruta tiene tres fechas. Dos ya están escritas en piedra. La tercera todavía no tiene número: solo tiene letras, y esas letras dicen hasta el final.

● 22 oct. 2023 Primarias

●28 jul. 2024 Elecciones

● Hasta el final (sin fecha aún)

Todo empezó el 22 de octubre de 2023. Más de dos millones de venezolanos, muchos haciendo fila bajo el sol sin garantía alguna de que su voto sirviera para algo, decidieron quién los representaría. No fue un gesto simbólico. Fue el primer tablón de la ruta, puesto por la gente, no por ningún acuerdo firmado en una mesa. Sin ese día no hay candidata, no hay liderazgo consolidado, no hay nada de lo que vino después. El que hoy pretenda construir una salida "seria" ignorando esa fecha, está construyendo sobre el aire.

Nueve meses más tarde, el 28 de julio de 2024, Venezuela volvió a votar, y volvió a ganar. Las actas que el país documentó y resguardó, acta por acta, mesa por mesa, con el cuerpo y con el miedo, dijeron lo que dijeron: ganó Edmundo. Esa fecha no es un recuerdo bonito para publicar en una red social una vez al año; es la prueba de que la ruta funciona cuando el pueblo la sostiene. Es, también, la fecha que la dictadura más querría que olvidáramos, porque es la que más la desnuda.

Y ahora está la tercera fecha, la que todavía no tiene número, pero que —como toda meta que vale la pena— ya tiene nombre. En gerencia se dice que no se gestiona lo que no se mide; en la política venezolana habría que decir que no se resuelve lo que no se reconoce. Y lo que hay que reconocer es esto: las primeras dos fechas no se conquistaron con acuerdos de salón. Se conquistaron con calle, con organización y con un liderazgo que la gente validó dos veces, no una. Pretender llegar a la tercera fecha por una vía distinta a la que probó funcionar en las dos anteriores no es pragmatismo: es querer atajar un camino que ya sabemos que no lleva a ningún lado.

Que hoy se sienten a hablar no es noticia; llevan 27 años sentándose a hablar. Lo que sí conviene mirar con calma es quiénes son los que hoy vuelven a ocupar la silla. Caras que ya conocemos, libretos que ya leímos, promesas que ya vencieron. No hace falta pronunciar la palabra incómoda —cada quien sabrá si le queda— para notar que hay actores que, cada vez que el país estuvo cerca de cerrar esta historia, aparecieron con una nueva ronda de "diálogo" bajo el brazo, justo a tiempo para que nada cerrara. Ojalá esta vez sea distinto. La honestidad obliga a decir que la experiencia no da motivos para apostar a eso.

María Corina Machado no está en esa mesa. Y ha sido clara, con la elegancia de quien no necesita gritar para que se le escuche: no obstaculizará el proceso, le desea suerte a quienes se sienten. Pero su ausencia dice más que cualquier comunicado. Ir a esa mesa sin ella no es un simple detalle de logística política: es darle la espalda a lo que millones de personas decidieron dos veces, con su firma, con su huella, con horas de fila. No se puede llegar hasta el final por un atajo que excluye a la persona que el pueblo eligió para llevarlo hasta ahí. Eso no sería construir la ruta; sería inventarse otra, y las rutas inventadas en Venezuela ya sabemos dónde terminan.

No hace falta capa ni superpoder para sostener un liderazgo por años, bajo persecución, sin ceder un milímetro y sin perder la sonrisa. Hace falta algo más difícil de fingir: convicción que no se negocia y una fe que no depende de que las cosas salgan como uno quiere, sino de que salgan como deben salir. Eso es lo que Dios le dio a esta lideresa, y es lo único que ninguna mesa, ningún comunicado y ningún "diálogo" de utilería le podrá quitar. La sacaron de la boleta. No la han podido sacar del juego. Y la diferencia entre esas dos cosas es, precisamente, la ruta.

Toda meta seria necesita, en algún momento, dejar de medirse por lo que falta y empezar a medirse por lo ya caminado. Venezuela ya caminó dos tercios de esta ruta, y los caminó bien: con votos, con actas, con un pueblo que no se cansó de creer incluso cuando creer costaba caro. Falta el último tramo. No tiene fecha en el calendario todavía, pero tiene nombre, tiene rostro y tiene una condición innegociable: se llega acompañando a quien nos trajo hasta aquí, no dejándola afuera de la foto final.

22 de octubre de 2023 — 28 de julio de 2024 — Hasta el final.

La ruta ya está trazada. Solo falta que el pueblo la siga acompañando, como lo ha hecho hasta ahora: hasta el final. De la mano de Dios

Vamos por más...

@jgerbasi

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