Amnistía sin justicia: el falso inicio de la reconciliación

El gobierno interino ha anunciado una ley de amnistía como gesto de apertura y reconciliación nacional. A primera vista, la medida parece un avance. Pero en la práctica, toda amnistía encierra un dilema: ¿cómo abrir el camino político sin borrar el rastro de la injusticia? Venezuela enfrenta esa disyuntiva en un momento en que la confianza ciudadana y la credibilidad institucional están casi agotadas.

Liberar a los presos políticos no solo es legítimo, sino urgente. Nadie debería permanecer encarcelado por sus ideas o participación cívica. Sin embargo, una amnistía que además incluya a los responsables de violaciones de derechos humanos, torturas o represión institucionalizada, no sería un paso hacia la transición, sino una prolongación del viejo pacto de impunidad. El perdón generalizado no es reconciliación: es olvido decretado desde el poder.

En las transiciones exitosas —Chile, Sudáfrica, Colombia— el perdón político se acompañó de mecanismos de verdad, reparación y garantías de no repetición. Allí donde se usó como una concesión entre élites, sin reconocimiento de las víctimas, el proceso terminó desacreditado. Venezuela corre hoy ese riesgo. Si la amnistía no está acompañada de reformas judiciales y de un compromiso real con la independencia institucional, solo servirá para legitimar temporalmente al poder que intenta permanecer.

Las amnistías pueden ser instrumentos de pacificación, pero también de manipulación. En contextos autoritarios, suelen emplearse para dividir a la oposición, ganar indulgencia internacional o simular un cambio donde nada cambia. Por eso, más que celebrar el anuncio, el país debe exigir claridad: ¿qué delitos serán cubiertos?, ¿quién supervisará su aplicación?, ¿habrá espacio para la verdad y la memoria?

Una reconciliación duradera requiere justicia. No se trata de castigar a todos, sino de establecer responsabilidades políticas y éticas. El perdón pierde sentido si no se acompaña de rendición de cuentas. Amnistiar no puede equivaler a absolver. De lo contrario, Venezuela repetirá el círculo: cesa la persecución, pero persiste la impunidad.

La democracia no puede nacer de un acto de olvido. Solo podrá nacer de una decisión firme de recordar, reconocer y corregir. La amnistía debe ser una herramienta transitoria, no un punto final. Porque el país no necesita olvidar para sanar: necesita justicia para no volver a enfermar.

- Pedro Galvis

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