Cuando nos une un mismo propósito, todos somos uno; Pedro Galvis

Hoy recordamos aquella histórica gesta ciudadana en la que la Primaria Presidencial derribó el escepticismo y selló un mandato nítido e incuestionable: el liderazgo cívico otorgado a María Corina Machado. Aquel hito demostró que la fuerza de un país no reside en los cálculos de cúpulas cerradas, sino en la determinación de millones de voluntades alineadas hacia un mismo horizonte. La verdadera transición es la restitución de la soberanía popular y nacional, un proceso conducido por la ciudadanía a través del voto y no un pacto entre élites a espaldas de la gente. Frente a quienes pretenden dilatar el cambio hacia horizontes lejanos como 2028 o 2030, la sociedad civil responde con certidumbre y serenidad: comprendemos con absoluta claridad que la fecha de la elección es la fecha de la liberación.

Sin embargo, el reflejo más alarmante de la parálisis política ha quedado al descubierto en la tercera ronda de la mesa para la transición: una auténtica obra maestra de la diplomacia burocrática dedicada al arte de no decidir nada. La jornada no trajo certezas, sino una prórroga con sello oficial para blindar intacto el statu quo. Frente al secuestro judicial de los partidos y las inhabilitaciones, se optó por la burla de crear comisiones para comisionar, sepultando derechos elementales en un eterno peloteo burocrático y una montaña de carpetas diseñadas para marear a la gente y ganar tiempo. El colmo de este circo fue la pirueta surrealista de delegar la fecha presidencial en un «nuevo CNE» que hoy es un órgano fantasma: una entelequia que no ha sido discutida, ni designada, ni cuenta con calendario para su conformación. Lavarse las manos bajo el pretexto del formalismo institucional no es más que una maniobra calculada para que el tiempo transcurra, la paciencia se agote y la crisis quede intacta.

Venezuela no tiene tiempo para costosos espectáculos ni maniobras dilatorias. Para romper este cerco de inmovilismo y transformar la indignación en una ruta certera, sostenemos tres exigencias fundamentales e innegociables:

1. Liberación plena e inmediata de todos los presos políticos: Debe ser el primer punto de cualquier agenda. Exigimos el cese definitivo de la persecución y de los procesos judiciales viciados, sin aceptar como triunfo meras excarcelaciones parciales que perpetúan el chantaje del poder.

2. Fecha fija para la elección presidencial el 24 de julio de 2027: Exigimos un cronograma nítido y verificable. No permitiremos que la atención se desvíe hacia comicios regionales o locales; el foco ineludible y urgente es la Presidencia de la República para legitimar un gobierno capaz de liderar los cambios institucionales de fondo.

3. Regreso de María Corina Machado con plenas garantías: Es imperativo su derecho a estar presente en el país como factor catalizador de la movilización pacífica y garantía de una transición democrática ordenada y cercana a la gente.

Frente al laberinto de las élites, nuestra respuesta es la organización cívica y la formación rigurosa. Corresponde a los ciudadanos —y especialmente a los jóvenes— prepararse para asumir el liderazgo de la reconstrucción nacional y ocupar los espacios de decisión.

Bajo la convicción de «Todos somos uno» , reafirmamos que tanto en la movilización de calle como en el día decisivo frente a las urnas, los venezolanos actuamos bajo una sola causa irrenunciable: La Liberación real de nuestra patria. Ninguna burocracia puede apagar la determinación de un pueblo despierto; cuando nos unimos desde la verdad y sin ambigüedades, la victoria ciudadana y la conquista de la libertad se vuelven inevitables.

Redacción

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