57 muertes maternas se contabilizaron en el hospital Razetti en 2017
La desnutrición fue la primera razón de estos decesos, según las autoridades de salud del estado Anzoátegui
La desnutrición fue la primera razón de estos decesos, según las autoridades de salud del estado Anzoátegui
Susej Azócar
Un total de 57 mujeres en estado de gestación perdieron la vida durante este 2017 en el hospital Luis Razetti de Barcelona, así lo informó el director de Salud Pública del estado Anzoátegui, Víctor Velásquez.
Detalló que la principal razón de estos decesos es el estado de desnutrición que presentaban las embarazadas, situación que impidió que el feto pudiera formarse correctamente.
Relató que la mayoría de estas mujeres no estaba llevando el control médico de su embarazo, por eso a la hora de ingresar al Razetti los galenos se encontraban con infecciones o malformaciones, que aunado a la desnutrición ocasionaron los decesos.
"Acá se evidencia el fracaso de todos los programas sociales impulsados por el gobierno nacional. Pues hay que destacar que la mayoría de estas féminas eran jóvenes que no superaban los 25 años de edad que habían comenzado a parir desde los 14, entonces esto evidencia que no se ha podido frenar el embarazo adolescente", sostuvo.
Apuntó que en años anteriores la cifra de muerte maternas era de 10 mujeres al año, lo cual para ese entonces esa cifra era considerada un número alto de decesos. Sin embargo ven con preocupación que en los últimos cinco años estas muertes vienen en incremento.
Con respecto a la muerte de neonatos, manifestó la cifra es bastante elevada, pero no la tenía precisada.
"Lamentablemente son decenas de muertes de recién nacidos ocurridos solo en el Razetti, y por las mismas razones. Me atrevo a decir que la cifra supera los 100 casos pero no cuento con la información a la mano", agregó.
Señaló que para el 2018, la Dirección de Salud está concretando una serie de programas para frenar esta situación.
Aumenta demanda de antidepresivos en Anzoátegui
Habitantes de la zona norte del estado Anzoátegui buscan píldoras para mantener un buen estado, sin embargo, se les imposibilita adquirirlas porque cada caja sobrepasa los 60 mil bolívares
Habitantes de la zona norte del estado Anzoátegui buscan píldoras para mantener un buen estado, sin embargo, se les imposibilita adquirirlas porque cada caja sobrepasa los 60 mil bolívares
Eugenia Jiménez
La situación del país, el estrés con el que viven los ciudadanos ha incrementado la demanda de antidepresivos en la zona norte del estado Anzoátegui; ya no son solo los pacientes dependiente a estas píldoras que las buscan.
La antigua vicepresidente del Colegio de Farmaceutas en la entidad, Yolanda Carrasquel, quien además tiene una farmacia, manifestó que este tipo de medicamente se siguen vendiendo con récipes con el fin de evitar su reventa.
Explicó que no todos los interesados pueden llevarse una caja por dos razones; sus altos costos y por la automedicación.
“Muchos recurren a estas pastillas por lo que están pasando, pero esto no es un juego y no se puede automedicar y otros, que si tienen el récipe de un experto, no pueden comprarlos porque el fármaco es importado y su costo es muy elevado”, refirió.
Apuntó que de 100 personas que pueden preguntar en dos días por los antidepresivos, solo 50 pueden comprarlo. Manifestó que una caja de este medicamento pasó de costar 5 y 12 mil bolívares a 60 mil.
“Cada vez se hace más complicado reponer el inventario y pese a todas las medidas que tomamos para evitar la reventa y el daño a la población, el Gobierno debe empezar a controlar la especulación de medicamentos”, aseveró.
Realización de biopsias ha mermado en el Razetti por falta de equipos
Los estudios de citologías pasaron de nueve mil anuales a tan solo cuatro mil 500 en el hospital barcelonés, porque los especialistas no cuentan con insumos
Los estudios de citologías pasaron de nueve mil anuales a tan solo cuatro mil 500 en el hospital barcelonés, porque los especialistas no cuentan con insumos
Nohemí Rondón
Barcelona.- La desidia y abandono en materia de salud ha tocado todas las áreas del servicio en los centros hospitalarios del estado Anzoátegui.
Esto ha traído como consecuencia que el servicio de biopsias en el hospital Luis Razetti de Barcelona esté prácticamente paralizado. Así lo expresó el doctor Humberto Omaña, quien además es directivo del Colegio de Médicos en Anzoátegui.
Destacó que desde hace cuatro años, el número de estudios bajo drásticamente y no por falta de especialistas, sino porque no se dota de los insumos necesarios.
Dijo que anteriormente se podían procesar en una noche 200 biopsias, pero desde que se dañó el procesador de tejidos solo están realizando 10 en una semana, cuyo proceso deben hacerlo de manera manual.
Omaña agregó que la dirección del hospital, al igual que el personal médico, tiene constancia escrita de todas la deficiencias del área patológica.
El galeno destacó que el suministro de reactivos, al igual que la colorantes es intermitente. "Este año no llevamos ni 100 biopsias cuando en un año normal lográbamos procesar tres mil estudios", enfatizó.
Un estudio de este tipo puede costar en un centro clínico privado hasta Bs. 500 mil, ya que los materiales son costosos y en ocasiones deben importarlos.
A medias
Se supone que el Razetti debería contar con todo lo necesario para consultas ginecológicas, y a su vez con material para la realización de citologías, pero esto también llega a medias.
Omaña detalló que el nosocomio barcelonés atiende a toda la zona norte de Anzoátegui para pruebas de citologías, con el fin de de realizar despistaje de cáncer de cuello uterino, sin embargo, la precariedad ha debilitado el servicio.
Esto ha traído como consecuencia que en lo que va de año solamente se hayan realizado cuatro mil 500 estudios, cuando deberían estar por el orden de 10 mil citologías.
"Lamentablemente el gobierno no ha querido entender que si no se atiende a la población, si no hay salud preventiva y no se recibe ayuda extranjera el colapso será mayor y no se podrá controlar", advirtió el doctor.
Centros de salud primaria de Anzoátegui están en “terapia intensiva”
“En los ambulatorios desaparecieron los reactivos, por lo tanto ya no hacen exámenes, no hay médico familiar, no existen los ginecobstetras, y ya no dan medicinas", denunció la diputada a la Asamblea Nacional, Oneida Guaipe
“En los ambulatorios desaparecieron los reactivos, por lo tanto ya no hacen exámenes, no hay médico familiar, no existen los ginecobstetras, y ya no dan medicinas", denunció la diputada a la Asamblea Nacional, Oneida Guaipe
Nohemí Rondón
Desmantelados, en "terapia intensiva" y sin insumos se encuentran los ambulatorios de salud primaria de la zona norte del estado Anzoátegui.
Así lo aseveraron los familiares de pacientes quienes a diario se ven en la necesidad de migrar de centro en centro, hasta conseguir por lo menos un espacio donde tener el enfermo, mientras que van en busca del antibiótico, yelco o una ampolla para dolor porque en los ambulatorio no las hay.
Tal fue el caso de Lara Fernández quien llegó al Seguro Social César Rodríguez, ubicado en Guaraguao, en Puerto La Cruz, con un fuerte dolor de estómago. Lo único que recibió fue un apretón de mano del médico de guardia quien con desconsuelo le dijo que fuese a otro lugar a ver si tenía más suerte o comprara un tratamiento intravenoso para aplicárselo.
Los centros de Diagnóstico Integral (CDI) implementados por el gobierno nacional tampoco funcionan. Usuarios expresaron que lo único que realizan los galenos es un chequeo, y repetir lo mismo de todos los ambulatorios “no tenemos nada para eso”.
Muchas deficiencias
Las denuncias fueron corroboradas por la diputada a la Asamblea Nacional (AN) en Anzoátegui, Oneida Guaipe, quien resaltó las calamidades en los centros asistenciales. “En los ambulatorios desaparecieron los reactivos, por lo tanto ya no hacen exámenes, no hay médico familiar, no existen los ginecobstetras, ya no dan medicinas, no se encuentran los desparasitantes y mucho menos equipos de fumigación”.
Explicó que una vez que el gobierno acabó con todo el sistema primario de salud, las comunidades quedaron indefensas, lo que trajo como consecuencia la aniquilación de la prevención, y dio paso a enfermedades que estaban erradicadas.
“A la dirección de Salud Pública diariamente asisten entre 50 y 100 personas para realizarse lo que se conoce como prueba de gota gruesa, esto le permite a la gente saber si está o no contagiada de malaria, en lo que va de año ya han confirmado siete mil casos positivos de paludismo”, afirmó Guipe.
La diputada parlamentaria que no hay ni equipos ni vehículos para el abordaje de fumigación en los sectores del estado, por lo que cada día se hacen más vulnerables a contraer esta enfermedad.
Venezolanos cruzan frontera con Guyana en busca de asistencia médica
Autoridades guyanesas reportan un aumento confirmado en los casos de malaria en la frontera
Autoridades guyanesas reportan un aumento confirmado en los casos de malaria en la frontera
Con información de AP
GEORGETOWN, Guyana - Las autoridades guyanesas reportaron el domingo un aumento importante en el número de venezolanos que cruzan la frontera común para buscar tratamiento por la malaria y otras enfermedades.
El jefe del Consejo Médico de Guyana, Shamdeo Persaud, dijo que los venezolanos son atendidos gratuitamente.
Agregó que ha habido un aumento confirmado en los casos de malaria en la zona fronteriza y que las autoridades están investigando reportes de un brote de sarampión en Venezuela, país que además vive una crisis política y económica.
Cleveland DeSouza, líder en el distrito indígena White Water, informó que hasta 200 venezolanos han llegado a cruzar la frontera en un día.
El Ministerio de Asuntos Indígenas de Guyana informó que soldados venezolanos cruzaron hace poco la frontera y robaron comida. Dijeron a los habitantes que no les habían abastecido en 45 días.
Antihipertensivos volvieron pero su precio supera un salario mínimo
Yolanda Carrasquel, directiva del gremio Farmacéutico pide se investigue una droguería en Falcón que importa y distribuye antihipertensivos desde Portugal a precios dolarizados, mientras a los laboratorios nacionales se les niegan las divisas para producir medicamentos a precios accesibles
Yolanda Carrasquel, directiva del gremio Farmacéutico pide se investigue una droguería en Falcón que importa y distribuye antihipertensivos desde Portugal a precios dolarizados, mientras a los laboratorios nacionales se les niegan las divisas para producir medicamentos a precios accesibles
Niurka Franco
Juliana rompió en llanto al salir de una conocida franquicia. Al abordarla comentó entre sollozos que tenía más de dos meses sin tomar sus pastillas para la tensión porque no las conseguía y que ahora que aparecieron tampoco podrá adquirirlas pues el precio supera su ingreso mensual.
“Yo tomo Candersatan y las compraba en 1500, después en 3 mil y ahora cuestan 32 mil bolívares y 42 mil bolívares, de dónde voy a sacar para comprarlas si gano salario mínimo(40 mil 638) o compro las medicinas o como”, expresó la mujer más calmada y algo resignada.
El testimonio de juliana es el mismo que podrían dar miles de venezolanos con padecimientos crónicos como Parkinson, Diábetes, Cáncer o Alzheimer, para los cuales no se consigue tratamiento.
Sobre el tema, Yolanda Carrasquel, vice presidenta de la Federación Farmacéutica de Venezuela afirma que el Estado venezolano está en la obligación de garantizar a la población el derecho a la salud y el acceso a los medicamentos.
“El Estado ha podido liquidar las divisas preferenciales para que los laboratorios nacionales produjeran los medicamentos a precios más accesibles para la población, pero no lo hace y mientras tanto muchos pacientes están muriendo”, sostiene la especialista.
Asevera que en manos del gobierno está el poder cambiar ésta realidad si se decide a sincerar la situación de los laboratorios nacionales y otorga las divisas para el pago a los proveedores internacionales de materia prima.
El tema dijo, es que mientras en el país escasean los fármacos para pacientes crónicos, se ha comenzado a observar el retorno de medicinas pero a precios de dólar libre, como es el caso de los antihipertensivos, los cuales según destaca, están siendo importados y distribuidos por una droguería ubicada en el estado Falcón.
“Valdría la pena que se investigara a quién pertenece esa droguería que está distribuyendo para todo el país, a fin de conocer si la importación de éstos fármacos se hizo con dólares preferenciales o a dólar libre”.
Precisa además que los laboratorios nacionales están en capacidad de producir no solo antihipertensivos, sino todo tipo de medicamentos de excelente calidad y a precios accesibles para la población, dejando sentado que debido a la crisis por la que atraviesan, han debido prescindir de personal, entre ellos los visitadores médicos.
Olivares: “Que nos quiten la luz no va a cambiar el desastre de lo que ocurre en Vargas y en Venezuela”
"No reconocer que hay una crisis de salud en Venezuela es solo fanatismo"
"No reconocer que hay una crisis de salud en Venezuela es solo fanatismo"
Redacción
La presentación del Informe de Gestión Parlamentario del diputado de la Asamblea Nacional por el estado Vargas, José Manuel Olivares fue objeto de un sabotaje, cuando en medio de su presentación el servicio eléctrico fue interrumpido.
El acto se celebraba enel sector Las Casitas de Prolongación Soublette de laparroquia Catia La Mar, donde el parlamentario y su equipo de trabajo fueron recibidos por afectos al oficialismo, liderados por la Jefa Civil de esa parroquia, Náyades Pérez, quienes se concentraron para impedir que se realizara el acto.
Pese a ello, Olivares inició su presentación en la cual hizo referencia a la crisis hospitalaria que vive el país y lamentó el hecho con el cual se pretendió sabotear su intervención.
“Las `personas que fallecen en Venezuela por no haber sido diagnosticados a tiempo, los que fallecen en listas de espera, los familiares que se desesperan en busca de medicamentos. Esas personas no tienen color político. No reconocer que hay una crisis de salud en Venezuela es solo fanatismo”, lamentó el parlamentario, quien agradeció a los vecinos de la zona, que lejos de dejarse amedrentar por la jefa civil, que amenazó con impedir la venta de las bolsas Clap en el sector por haber recibido al diputado opositor, se mantuvieron firmes y activos ante la convocatoria.
Militantes de Primero Justicia, partido al cual pertenece Olivares, así como los invitados, repudiaron las intenciones de los seguidores oficialistas, en su mayoría mujeres, por sabotear el acto y generar un clima de tensión.
No obstante, a mitad de su presentación, el servicio de luz fue Interrumpido. Esto no impidió al parlamentario continuar con su alocución. Olivares responsabilizó del sabotaje al gobernador de Vargas, Jorge García Carneiro. “Les recuerdo que fui dirigente estudiantil, así que hace falta más que quitar la luz para sabotear un acto. Que coincidencia que envía a personal de la Gobernación de Vargas, a sabotear. Y cuando le reclamo su cobardía, porque envía mujeres en lugar de venir él mismo a La Soublette a hacerme frente, entonces hay un oportuno corte de luz. Que nos quiten la luz, eso no va a cambiar el desastre de lo que ocurre en Vargas y en Venezuela.
García Carneiro tiene miedo a esta forma de hacer política. Tiene miedo cuando estamos dentro de los barrios, hablando con la gente, ganándonos su apoyo y confianza. El miedo a la verdadera democracia y la desesperación parecen los consejeros del gobernador”, exclamó Olivares, quien concluyó bajo las luces de los celulares de los presentes y linternas de los vecinos, el informe de gestión.
Luego que el parlamentario Olivares se retirara de La Soublette, el servicio eléctrico fue restituido en la zona./Nota de Prensa
Dip Trujillo; el Gobierno se empeña en desmentir crisis en los centros asistenciales del país
Recordó la reciente denuncia de la mujer que parió en las afueras del centro asistencial, a quien aseguró, posteriormente “le pagaron, le dieron ropa para su bebé, pero evidentemente tenía que desmentirme”
Recordó la reciente denuncia de la mujer que parió en las afueras del centro asistencial, a quien aseguró, posteriormente “le pagaron, le dieron ropa para su bebé, pero evidentemente tenía que desmentirme”
Evely Orta
El diputado por la Unidad José Trujillo afirmó que seguirá denunciando la grave crisis que viven los centros asistenciales ubicados en el estado Aragua, “es una realidad, hay que vivir en Maracay para saber qué es lo que pasa”.
Así lo indicó el parlamentario quién recordó que ha sido víctima de agresiones por parte de afectos al Gobierno, sólo por revelar junto a médicos ante los medios de comunicación la falta de insumos, asegurando que la crisis humanitaria es un término que se quedó corto ante la situación que vivenlos pacientes y familiares en el Hospital Central de Maracay (HCM) y demás instituciones de salud.
Asimismo recordó la reciente denuncia de la mujer que parió en las afueras del centro asistencial, a quien aseguró, posteriormente “le pagaron, le dieron ropa para su bebé, pero evidentemente tenía que desmentirme”.
“Pero es gracias a mi denuncia que la ayudaron. El video que yo difundí a través de la redes sociales demuestra claramente la afirmación que ella hace de haber ido al hospital para que le practicaran una ligadura; porque iba a parir y tenia fecha de parto para ese día y no fue que los médicos no la vieron, todo lo contrario ella logra que la vean los médicos y le informan que en ese momento no había equipos para hacer la cirugía, por lo que le dicen que vaya al día siguiente”.
“Por supuesto ella baja una vez que la ven en la sala de parto, porque lo que quería realmente era que la ligaran. Ciertamente ella acudió al centro de salud porque tenía programado que la ligaran, pero no la atendieron porque no había insumos ni equipos y la mandaron a ir al día siguiente aún cuando tenía dolores”.
Igualmente destacó que la red ambulatoria no funciona en Aragua razón por la cual las mujeres con trabajo de parto llegan de otros establecimientos de salud.
“En Aragua hay una crisis de salud y la misma ha sido denunciada hasta la saciedad, en el estado ocurrió un caso de malaria autóctono pero el director Regional de Salud, señaló que no era autóctono sino importado”, informó Trujillo.
“En este caso señaló que Aragua es considerada una zona endémica de enfermedades como: dengue, zika, H1N1. Este Estado cuenta con cuatro vectores que transmite la enfermedad a parte del índice aheico que es elevado por lo que cualquier enfermedad que sea viral e infecto contagioso que se transmita por mosquito se va a producir en Aragua y eso es lo que no han querido reconocer”, dijo.
Finalmente añadió el parlamentario que desde octubre del 2014, las autoridades del Ministerio de Salud no ha suministrado información epidemiológica en Venezuela. “No solo es importante que el Gobierno informe sobre esta situación interna sino que debe existir el compromiso de informar internacionalmente por ser un Estado con un alto riesgo infeccioso”.
Raspón en una rodilla casi cuesta la vida a niña hospitalizada en Venezuela
La vida en Venezuela puede ser peligrosa para la gente sana y resultar directamente mortal para quienes se enferman. Una de cada tres personas admitidas en hospitales administrados por el Ministerio de Salud el año pasado falleció, según el informe anual del ministerio
La vida en Venezuela puede ser peligrosa para la gente sana y resultar directamente mortal para quienes se enferman. Una de cada tres personas admitidas en hospitales administrados por el Ministerio de Salud el año pasado falleció, según el informe anual del ministerio
Con información de AP
CARACAS, Venezuela - Crónica de la Agencia de Noticias Associated Press en Venezuela, narra la dramática historia de de una humilde familia venezolana, a la que casi le cuesta la vida de su menor hija, una pequeña raspadura en la rodilla, que ante la crisis humanitaria, falta de insumos en los hospitales y medicinas en las farmacias se complicó y puso en jaque su existencia física.
Historia completa:
Era apenas un raspón en la rodilla. Y los padres de Ashley Pacheco, de tres años, hicieron lo que hace todo progenitor: le dieron un abrazo, le limpiaron la herida dos veces con alcohol y pensaron que estaba todo resuelto.
Dos semanas después, la niña se retorcía de dolor en la cama de un hospital. Le costaba respirar e imploraba a sus padres que le llevasen agua.
La madre se quedó con ella día y noche en el hospital. Se aseguraba de que tuviese el estómago vacío en caso de que pudiese adelantarse a cientos de pacientes para ser operada de urgencia en una de las pocas salas de operaciones que funcionan en el hospital.
Su padre buscó antibióticos por toda Caracas para combatir la infección.
No tenían idea de lo mucho que iban a empeorar las cosas.
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La vida en Venezuela puede ser peligrosa para la gente sana y resultar directamente mortal para quienes se enferman.
Una de cada tres personas admitidas en hospitales administrados por el Ministerio de Salud el año pasado falleció, según el informe anual del ministerio. La cantidad de camas usables en los hospitales mermó un 40% en relación con el 2014. Y a medida que la economía se deteriora, escasean el 85% de las medicinas, de acuerdo con la asociación nacional de farmacias.
"No conozco ningún otro país donde las cosas se hayan deteriorado tan rápidamente y a tal extremo", expresó Rafael Pérez Escamilla, profesor de la Yale University School of Public Health (Facultad de Salud Pública de la Yale University) que ha trabajado en América Latina y Africa. "El sistema de salud de Venezuela era un modelo para América Latina. Pero se ha deteriorado a tal grado que no se consigue una atención básica".
Con tan poco margen de error, el menor tropiezo, como la caída de una niña persiguiendo a su hermano, puede generar situaciones de vida o muerte.
Los padres de Ashley estaban decididos a aislarla del caos que azota al país. Ante el deterioro de la educación pública, la enviaron a un jardín de infantes privado, católico. A medida que aumentaba la escasez de alimentos, se aseguraron de que ingería proteínas con cada comida. Cuando el agua de los grifos comenzó a oler mal, empezaron a hervirla antes de sus baños diarios.
Pero una semana después de la caída en que se lastimó la rodilla, Ashley empezó a afiebrarse.
En la clínica local los médicos le dijeron que pronto se repondría. La fiebre, no obstante, siguió subiendo y la rodilla se le hinchó. Maykol y Oriana Pacheco la subieron entonces en su motocicleta, la acomodaron entre los dos y se pusieron a buscar un hospital que se tomase su caso más en serio.
Fueron primero al hospital público de niños más cerca de su casa, que había registrado una ola de intoxicaciones. Al aumentar la escasez, los padres le dan a sus hijos medicinas caseras y comidas como yuca amarga que pueden resultar tóxicas si no se preparan debidamente. Al no disponer de medicinas, a veces no es mucho lo que pueden hacer los médicos para evitar la muerte de los menores. No había medicinas para Ashley.
La familia fue entonces al principal hospital pediátrico de la ciudad.
Allí se sentía el olor a incienso religioso en salones con niños con ojos lechosos y cabezas hinchadas. Los médicos esperaban que los padres llevasen un catéter para extraer fluidos extras de los cerebros de sus hijos. No había camas para Ashley.
La niñita se sentía cada vez más caliente y los padres se encaminaron al hospital más grande de la ciudad. En la sala de emergencia había hombres tirados en el suelo casi desnudos, vías intravenosas que colgaban de palos. No había espacio para una niña de tres años enferma.
A la mañana siguiente la pequeña tenía 39 grados (103 Fahrenheit). Su padre se sentía cada vez más desesperado. Sin más opciones, enfiló hacia el Hospital Universitario, que supo ser uno de los mejores hospitales de Sudamérica pero últimamente era más conocido por las pandillas que irrumpen violentamente en las salas de operación y los robos en las escaleras.
Llegaron al mediodía de un sábado. Ashley tenía la pierna izquierda hinchada desde los dedos hasta el extremo superior del muslo.
La llevaron de inmediato a la sala de emergencia.
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Venezuela supo ser uno de los países más ricos de América Latina pero está sufriendo los efectos de una debacle de los precios del petróleo combinada con un mal manejo de la economía. La producción ha disminuido y hay poco dinero para importar medicinas.
El gobierno izquierdista del presidente Nicolás Maduro dice que la crisis de la medicina es un invento de los opositores a una revolución socialista que ya lleva 17 años. La semana en que Ashley fue hospitalizada, Maduro habló por televisión y pidió a la gente que comenzase a cultivar plantas de usos medicinales.
El gobierno no admite ayuda humanitaria, por lo que las donaciones de artículos médicos esperan en países como Estados Unidos, España y Panamá.
En el hospital de Ashley, el personal de limpieza a veces se queda sin lavandina para limpiar los pisos. Por el edificio caminaban perros callejeros y había cucarachas en las paredes. El agua de los baños a veces salía negra.
Y en la sala de traumas, el lavabo estaba roto, no había jabón y la caja para guantes estériles estaba vacía. De todos modos, en un hospital tan repleto de gente que las mujeres parturientas tenían que esperar en sillas porque no había camas suficientes, los padres de Ashley se sentían afortunados de que la niña hubiese sido admitida.
Los médicos le diagnosticaron una infección estafilocócica. La bacteria había penetrado su tejido cerca de la rodilla y se metía en la coyuntura.
Le instalaron una línea intravenosa con una de las últimas partidas de vancomicina, un antibiótico muy usado. Anonadado, Maykol vio cómo se movía hacia arriba y hacia abajo la línea de un monitor del corazón de Ashley.
El padre de Maykol lo había abandonado cuando era joven y él soñaba con tener una familia grande y estable. Se había hecho tatuar los nombres de sus hijos en sus brazos y todos los días se hacía una escapada a su casa para almorzar con ellos.
Tras la llegada de su tercer bebé durante el verano, Maykol dejó su trabajo como sonidista y empezó a manejar un taxi para ganar más dinero. Habían ahorrado el equivalente a unos tres meses de sueldo. Y se preguntaba qué pasaría con ese dinero ahora.
Al caer la noche el estado de Ashley empeoró. Las rayas del monitor oscilaban enloquecidas. Su respiración sonaba rara y su padre notó que los movimientos de su pecho cuando respiraba no eran normales.
Los médicos sospechaban que la bacteria había llegado a los pulmones y abierto un agujero. Pero la última máquina de rayos X del hospital había dejado de funcionar el mes previo. La única forma de saberlo por seguro era llevarla a una clínica privada, donde el examen le costaría a la familia el equivalente a una semana de sueldos.
Dos médicos los acompañaron en una ambulancia, listos para bombear aire manualmente a los pulmones de Ashley si sufría un paro respiratorio.
Los rayos X confirmaron lo que se temía: el pulmón derecho de Ashley había colapsado. Con cada bocanada, el aire se filtraba al pecho y ponía presión sobre el corazón.
De vuelta en el hospital, parecía que Ashley se ahogaba. Los médicos buscaron el aparato que podía salvarla, una máquina de drenaje Pleur-evac que en Estados Unidos cuesta 100 dólares. El hospital tenía unas pocas, pero estaban bajo llave. Como ocurre en todos los hospitales del país, el Universitario había sufrido numerosos robos, a veces por parte de los propios empleados, y los escasos artículos médicos se cotizaban mucho de contrabando.
Los médicos de la sala de emergencia se las ingeniaron con un viejo truco.
Al anochecer, le insertaron a la pequeña una gran aguja en el pecho y el aire salió zumbando. Normalmente, los médicos insertan una válvula de un solo sentido, pero en ese momento no había ninguna. Sin embargo, poco a poco, la respiración de Ashley se fue haciendo menos agitada.
Poco después, los médicos llamaron a los padres a una sala y les dijeron que ya casi no tenían el antibiótico intravenoso. Y que sin la máquina de drenaje, Ashley no duraría más de 24 horas.
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Al escuchar esto, Maykol y Oriana se abrazaron y lloraron.
En la sala de espera se reunieron con hermanos, abuelos y tíos. Todos empezaron a hacer llamadas a ver si encontraban alguien con la máquina un sábado a la noche.
La hermana de Oriana fue de un hospital a otro, implorando entre lágrimas que le donasen alguna máquina. Algunos la acusaron de querer venderla. Nadie quería ayudar.
Pasada la medianoche, un amigo de la familia encontró un médico de una clínica privada que aceptó donar un Pleur-vac. La hermana de Oriana fue a la clínica por calles vacías a la una y media de la mañana, bien pasada la hora de un toque de queda extraoficial en esta ciudad plagada de delitos.
Al iniciar su turno el domingo, el pediatra Richard Rangel que iba a tratar a Ashley se mostraba ansioso.
Pensaba dejar la medicina. Durante la primavera, un padre lo amenazó con un arma, frustrado porque el hospital no tenía acetaminofén ni ibuprofen para su hijo de ocho años. Un ladrón le había robado a punta de navaja en una escalera del hospital. Y había visto morir a cinco niños en una semana de sepsis porque no había forma de tratarlos.
Llena de tubos y cables, Ashley parecía otro caso desesperado. Su pierna estaba tan hinchada que tenía el diámetro de un plato. Estaba totalmente morada.
Rangel le dijo a los padres que si no frenaban la infección, posiblemente tendrían que amputar.
Maykol se sumó así a miles de venezolanos que corren contra un reloj personal tratando de salvar a sus seres queridos. Hizo colas durante horas en farmacias para ver si tenían lo que necesitaba Rangel: solución salina, anticoagulantes, soluciones electrolíticas, pañales, bolsa de intravenosas, alcohol, sábanas, agua embotellada. No pudo conseguir jabón, por lo que compró shampoo.
El antibiótico vancomicina fue el más difícil de conseguir. Los médicos escribieron recetas en el reverso de estados de cuentas y de facturas de hospitales porque no había papel.
Los primeros pedidos fueron formales, tipeados a máquina, y se agradecía al receptor por su ayuda. Los posteriores fueron escritos de apuro. Uno, escrito en una esquina de un contrato de trabajo, simplemente contenía el nombre de Ashley y agregaba, "3 años, vancomicina".
Maykol escuchó que un hospital público del otro lado de la ciudad podría tener esa medicina. Al llegar, la unidad pediátrica se había inundado. Caminó con el agua hasta las canillas para hacer la gestión ante el farmaceuta, pero no tuvo suerte.
Con los jeans mojados, fue a otro hospital. Tampoco allí había nada. Pero cuando se iba, un hombre con un delantal blanco lo llamó y sacó tres frasquitos de su bolsillo. Maykol los envolvió en la receta y se encaminó al Hospital Universitario, temeroso de que la policía lo detuviese y lo acusase de traficar medicinas.
Mientras Maykol recorría las farmacias de la ciudad, Oriana permanecía sentada, silenciosa, en una silla de plástico junto a la cama de Ashley, con la cara hinchada de tanto llorar. La pierna de su hija estaba cada vez más caliente y la piel se veía oscura y brillosa. Sabía que cuando una extremidad se pone negra, hay que darla por perdida.
Además de la medicina, Ashley ahora debía ser operada para drenar su rodilla infectada. Pocas de las 27 salas de operaciones del hospital funcionaban a pleno y había 150 niños en la lista de espera.
Ashley debía tener el estómago vacío para poder ser intervenida. Se había pasado dos días pidiendo comida y agua. El martes por la mañana imploraba que le diesen a beber agua de la solución salina que le inyectaban en el brazo.
Por entonces llegó a la sala de emergencias un niño de cuatro años que pesaba seis kilos (13 libras).
Organizaciones defensoras de los derechos de los menores calculan que el 30% de los niños de Venezuela están ahora malnutridos. Su familia no pudo conseguir soluciones para rehidratarlo y el pequeño falleció 12 horas después.
Maykol estaba montado en su motocicleta cuando le dijeron que a Ashley le habían reservado un turno para ser operada. Aceleró en una carretera y chocó contra otra moto, cayendo al piso y lastimándose el mentón. Sangrando, siguió camino al hospital.
Los médicos dijeron que la bacteria podía haber afectado la placa de crecimiento. Podría terminar cojeando, con una pierna más larga que la otra. Pero si la operación salía bien, seguiría siendo una niña saludable.
Mientras la llevaban a la sala de operación, Ashley le pidió a su padre una hamburguesa. Lleno de esperanza, él le prometió que cuando fuese dada de alta irían a un McDonald's.
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Un tablero sobre la mesa de operaciones listaba las cosas que no había ese día: tubos para endoscopias, gazas, guantes, mascarillas y delantales.
Dos residentes esterilizaron una aguja que ya había sido usada y le inyectaron la anestesia a Ashley. Les tomó media hora limpiar y drenar la rodilla. Se habían hecho expertos en ese procedimiento durante el verano, ya que había aumentado la cantidad de niños con complicaciones derivadas de lesiones menores. El único rasgo distintivo de Ashley era lo bien alimentada que parecía, tan saludable que podía salvarse.
La familia festejó una semana después cuando Ashley pudo respirar sin la máscara de oxígeno. La fiebre estaba por debajo de los 38 grados (100 Fahrenheit). Con un poco de suerte, pronto podría bailar de nuevo en su cama viendo videos musicales.
Al día siguiente, sin embargo, la fiebre había subido inexplicablemente a 39 grados (102 F). Hacia el fin de semana, se la veía temblorosa debajo de sus sábanas de Dora la Exploradora, sudando, con 41 grados (106 F).
Y Oriana notó algo nuevo: manchas rojas en su piel todavía hinchada.
Rangel se sintió profundamente decepcionado al reconocer síntomas típicos de una infección cardíaca. No habían conseguido suficientes antibióticos como para asegurarse de que el estafilococo no seguía esparciéndose silenciosamente. Frustrado, Rangel se acordó de las experiencias vividas en los dos meses que pasó trabajando con grupos de ayuda en Sierra Leona, donde al menos tenía lo más básico para tratar pacientes.
Una infección cardíaca es algo tan inusual en un menor que nadie pensó en alertar sobre esa posibilidad a la familia de Ashley. Maykol no dijo nada al enterarse de la noticia. Pero estaba furioso. Había hecho todo lo que pudo para tratar a la niña y ahora, cuando parecía que estaba fuera de peligro, se encontraba más enferma que nunca.
Rangel dijo que necesitaría más vancomicina, tres dosis diarias por seis semanas, sin interrupción, para contener la infección sin que arruine el corazón o llegue al cerebro.
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Maykol dejó de trabajar como conductor de taxi. Oriana pasó todas las noches acurrucada junto a Ashley en una sala con otros ocho pacientes. Parientes suyos cuidaban a los otros niños.
Los dos agotaron el crédito de sus tarjetas y pidieron prestado todo lo que pudieron a sus familiares. Comían una sola vez al día y vendieron su refrigeradora, su televisor, el teléfono celular de Oriana y la Play Station de los niños.
Un día Maykol fue a un depósito cerca de Caracas donde el gobierno entrega medicina gratis. Había que hacer cola por cuatro horas. Al caer la noche, un farmaceuta le dio 15 viales de vancomicina, lo suficiente para una semana.
La vez siguiente que fue al depósito, no había antibióticos. Consideró la posibilidad de ir al mercado negro del barrio marginal más grande de la ciudad, pero Oriana sospechaba que probablemente le venderían pastillas falsas.
Afuera del hospital había media docena de revendedores que ofrecían medicinas a 50 veces el precio regulado. Cuando se le preguntó si tenía antibióticos, una vendedora observó a unos soldados apostados en la zona y respondió negativamente.
"Si no se consigue en la farmacia, hay que morir", expresó.
Rangel convenció a la madre de un paciente dado de alta de que le donase la vancomicina que le quedaba y consiguió algunos tubitos más de un paciente de cuidados intensivos. Encontró la medicina en Amazon.com, pero en un país con severos controles de divisas, ni él ni su familia podían pagarlo.
Otros cinco niños murieron en agosto en el pabellón de cirugía pediátrica por falta de antibióticos. Maykol recorrió la ciudad y llegó a sentir que no había medicina por ningún lado.
Finalmente, a mediados de agosto, casi un mes después de ser hospitalizada de nuevo, la fiebre cedió. Ashley sonrió alborozada cuando un técnico le dejó escuchar el latido de su corazón durante un ecocardiograma. Pero Oriana se preocupó al ver que el técnico analizaba una y otra vez un mismo sector. Daba la impresión de que algo no estaba bien.
La bacteria había cedido, pero el corazón de Ashley tenía cicatrices y era posible que con el tiempo su válvula tricúspide empezase a fallar y tuviese que ser reemplazada. Agotada, la madre decidió tomarse un rato para pensar qué hacer.
Ante la escasez de materiales y medicinas en el hospital, Maykol llevó consigo muestras de sangre de Ashley y empezó a buscar clínicas en condiciones de hacer exámenes básicos. Alarmado por la posibilidad de que Ashley sufriese nuevas infecciones en el hospital, quería llevarla a su casa lo antes posible.
Oriana escuchó que un niño de la habitación de al lado había quedado en estado vegetativo tras sufrir infecciones en sus pulmones. Este año, el 40% de los pacientes de medicina general contrajeron infecciones en el hospital, según Gherzon Casanova, presidente de la Sociedad de Médicos Residentes e Internos del hospital.
Una tarde, Ashley sorprendió a su padre.
"Vamos papi", le dijo Maykol, quien la tomó de la mano como cuando era bebita y comenzaron a caminar hacia el balcón, concentrados. Ella arrastraba su pierna izquierda y daba pasos cortos. Todos en la habitación observaban.
Ashley se paró un tanto inestable en el balcón y levantó los brazos en señal de victoria.
____
El día antes de que Ashley debía ser dada de alta, Oriana salió del noveno piso por primera vez en dos semanas. La piel de Ashley lucía amarillenta y había perdido tanto peso que tenía que levantarse los leggings cada tanto.
Los médicos no querían darla de alta hasta que no se sometiese a un ultrasonido para ver cómo estaba la pierna. Oriana trató de conseguir turno en un hospital público donde todavía funcionaba esa máquina.
Cuando finalmente la recibieron, le dijeron que el primer turno disponible era en noviembre, dentro de dos meses. Oriana hizo un gesto de desazón. "Esto es una locura", dijo en voz baja.
Al regresar, una nueva doctora le dio más malas noticias. Ashley tenía un hongo en los pulmones. Necesitaba una medicina que ya no se conseguía en Venezuela y debería permanecer hospitalizada mientras los médicos veían qué podían hacer.
Por primera vez desde que Ashley fue admitida, su padre se enojó.
"¿Qué me quiere decir con eso de que necesita medicinas que no se pueden conseguir aquí?", le dijo. "Al menos deme el nombre, así puedo buscarla. No me diga que la necesita y que no existe".
Después de que la doctora se fue, los padres de Ashley quedaron uno junto al otro cerca de la cama, con las frentes casi tocándose, y Ashley llorando entre ambos.
Maykol pasó varios días buscando fundaciones internacionales y formas de importar la medicina. Tal vez podía hacer llenar una receta médica en Miami, aunque costaría más del sueldo de un mes.
Al final, la ayuda llegó de la habitación contigua. La madre del niño con una infección pulmonar donó la medicina para Ashley.
Su hijo había muerto.
___________
A fines de septiembre, dos meses después de que fue internada por primera vez, Rangel dijo que Ashley ya no tenía infección alguna.
Oriana le vendió las medicinas que la familia le había dejado a las madres de otros pacientes en ese piso. Usó parte del dinero para hacer el ultrasonido de Ashley en una clínica privada y guardó al resto para tratamientos futuros.
"Hemos gastado todo lo que teníamos", afirmó.
Tenían que ahorrar para algo más: Después de dejarse estar por mucho tiempo, Maykol y Oriana habían decidido bautizar a Ashley.
Cuando fue dada de alta, salió renqueando del hospital, con un globo en la mano y un casco de motocicleta para menores para el viaje a su casa. Residentes y enfermeras gritaron alborozados al ver partir a la familia.
No les decían "adiós", sino "buena suerte".
Dip. Olivares: “Venezuela perdió todo lo alcanzado en 75 años de lucha contra la malaria”
De acuerdo a las investigaciones, respaldadas por el Cendes–UCV, la malaria se ha convertido en una epidemia en el país, al llegar a los 148.670 casos en las primeras 34 semanas epidemiológicas del año
De acuerdo a las investigaciones, respaldadas por el Cendes–UCV, la malaria se ha convertido en una epidemia en el país, al llegar a los 148.670 casos en las primeras 34 semanas epidemiológicas del año
Nota de prensa
El presidente de la comisión de Salud de la Asamblea Nacional, José Manuel Olivares, mostró su alarma y preocupación ante las cifras presentadas por el Observatorio Venezolano de Salud Pública, la Red Defendamos la Epidemiología y la Sociedad Venezolana de Salud Pública en Venezuela, en referencia a la epidemia de malaria o paludismo, que estaría afectando a todo el país.
“Estamos frente a una situación muy grave que será analizada desde la Subcomisión que presido. Venezuela está en el umbral de la peor emergencia de salud pública de su historia democrática. Y no se trata de simples palabras o de denuncias huecas, sino el manejo de cifras que involucran la vida de personas. Hoy en Venezuela muere gente por paludismo, una enfermedad que erradicamos en 1961, con un reconocimiento de la Organización Mundial de la Salud. Una enfermedad que ataca a países muy pobres, donde la mala alimentación y los malos servicios se conjugan. Tener una epidemia de paludismo en pleno siglo XXI, habla de lo mal que estamos como país”, refirió el parlamentario, quien también es médico oncólogo.
Olivares explicó, que de acuerdo a las investigaciones, respaldadas por el Cendes– UCV, la malaria se ha convertido en una epidemia en el país, al llegar a los 148.670 casos en las primeras 34 semanas epidemiológicas del año. Esta cifra supera en un 72% el mismo periodo del año pasado y se estima que para finalizar el año 2016, Venezuela registre más de 400.000 casos de malaria.
“De 24 estados en el país, 16 tienen casos de malaria, siendo Bolívar el que más acumula, en el que más se producen y el que exporta la mayoría de los casos. Otro indicador grave es que en una valoración porcentual, Venezuela es el único país del continente donde sigue aumentando los reportes y casos de esta enfermedad que es potencialmente mortal”.
En cuanto a las responsabilidades por la crisis que se enfrenta a consecuencia de la malaria, Olivares fue claro al señalar que “hoy estamos viviendo los resultados por las erradas políticas de salud pública que se han implementado durante los últimos 15 años en Venezuela. Esto representa un retroceso en nuestro país de 75 años de lucha contra la malaria. Pero lo que es más grave es que no vemos ninguna acción de enmienda o propósito de mejorar la situación ni de parte del Presidente Maduro o de la Ministra Luisana Melo”.
Entre otros datos que aporta la investigación de los especialistas epidemiólogos, se afirma la ausencia, en el orden del 93% de medicamentos para enfrentar la malaria en el país.
“No hay medicamentos, no hay sistemas de prevención, los médicos infectólogosno tienen recursos suficientes para hacer los diagnósticos e identificar los casos, los hospitales no están dotados para atender esta crisis. Y no es solamente que falten las medicinas, es que tampoco hay recursos financieros, ni herramientas para luchar contra este problema. Es en momentos como estos que nos hace falta contar con un marco legal como la Ley Especial para Atender la Crisis Nacional de Salud, que lastimosamente fue declarada inconstitucional por el TSJ, pues necesitamos con urgencia donaciones externas, así como asesoría de instituciones nacionales e internacionales para frenar la malaria en Venezuela”, concluyó el parlamentario.
Armando Armas cuestiona indolencia oficial ante crisis de salud
El parlamentario anzoatiguense donó cuatro cajas de broncodilatadores al centro de salud de Guanta, donde la mayoría de los pacientes llegan con afecciones respiratorias producto de las emanaciones de polvo de la planta cementera
El parlamentario anzoatiguense donó cuatro cajas de broncodilatadores al centro de salud de Guanta, donde la mayoría de los pacientes llegan con afecciones respiratorias producto de las emanaciones de polvo de la planta cementera
Con información de nota de prensa
En atención al problema de salud que afecta a la mayoría de la población de Guanta, estado Anzoátegui, el diputado a la Asamblea Nacional (AN), Armando Armas, hizo entrega de medicamentos al ambulatorio “Dr. José David Sambrano” del municipio portuario, a fin mitigar las grandes carencias de este centro asistencial, donde según estadísticas de especialistas, seis de cada 10 pacientes sufren de enfermedades respiratorias producto de las emanaciones de polvo de la empresa estatal Venezolana de Cementos, ubicada en esta localidad.
El parlamentario denunció que sólo está funcionando uno de los 58 filtros de las chimeneas de la referida planta. “Esa es la causa por la que cada día aumentan los casos de neumonía, asma y bronquitis, especialmente en la población infantil guanteña. Sin embargo, nadie hace nada.Este es un régimen indolente que no le importa la salud de los venezolanosy cierra el canal humanitario para que no lleguen medicinas”.
Armas explicó que el donativo fue hecho por una mana amiga a través de la Oficina Parlamentaria del Circuito 4. Constó de cuatro cajas de broncodilatadores de uso pediátrico (Brodilin) y batas para pacientes. Destacó la gallardía de las personas que en medio de esta crisis quieren colaborar y el coraje de funcionarios públicos que aceptaron la ayuda, entre ellos la administradora del recinto sanitario, Aura Ordaz y el médico cirujano Luis Alemán.
“Mientras este ambulatorio carece de insumos y equipos para atender a la población, a pocos metros vemos como la Alcaldía de Guanta utiliza los recursos del Estado y los espacios públicos para hacer actos proselitistas. “Aquí se resume el drama venezolano. Por un lado tenemos gente de la sociedad civil y servidores públicos que quieren ayudar y por otros vemos a los afectos al gobierno que no quieren nada con la democracia, con el progreso ni con resolver el problema de los ciudadanos”.
Campaña de concienciación
Armas anunció que su despacho está estableciendo alianzas con varias organizaciones sin fines de lucro como Espacio Público, Transparencia Venezuela yHannah Arendt. “Esta última nos ayudará a consolidar las cifras y datos estadísticos aportados por especialistas en materia ambiental, para iniciar una campaña de concienciación sobre el caso de la cementera de Guanta, en el último trimestre del año”.
También aseguró que la Comisión de Contraloría de la AN le está haciendo seguimiento al retraso en la culminación del hospital tipo II de Guanta, el cual debió ser inaugurado en 2014.
“La salud seguirá colapsada si dejamos al país en manos de este gobierno. Si aquí no hay un cambio tampoco habrá medicinas, comida, canal humanitario, médicos y enfermeras bien pagadas, ni centros de salud bien dotados. Este 1 de septiembre, con la gran la Toma de Caracas vamos todos a exigir vivir en paz, en democracia y con dignidad, como merece el pueblo venezolano”.
Hospital Razetti vive las carencias de un nosocomio en tiempos de guerra
La diputada Oneida Guaipe, miembro de la Comisión de Salud de la AN está convencida de que el gobierno no tiene la voluntad de poner fin a la crisis humanitaria, porque ni siquiera reconoce su existencia
La diputada Oneida Guaipe, miembro de la Comisión de Salud de la AN está convencida de que el gobierno no tiene la voluntad de poner fin a la crisis humanitaria, porque ni siquiera reconoce su existencia
Niurka Franco
Para poder resolver un problema, es necesario en principio reconocer su existencia, para luego buscar la manera de enfrentarlo, afirma la diputada Oneida Guaipe, representante de Anzoátegui en la Asamblea Nacional, quien advierte que la solución a la crisis existente en el sector Salud, pasa necesariamente por un cambio de gobierno.
Desde la perspectiva de la parlamentaria socialdemócrata, la situación del principal nosocomio de Anzoátegui es similar a un cuero seco que si se pisa por un lado se levanta por otro y en el centro están los pacientes muriendo de mengua.
Señala que todas las áreas están colapsadas, mientras las autoridades regionales se distraen en remodelaciones y aplicación de paños calientes que no alivian en nada las calamidades de los pacientes.
Es el caso según refiere de quienes padecen cáncer y han estado esperando durante meses por la asignación de especialistas (oncólogos), pero a su vez advierte que éstos deben contar con condiciones mínimas para trabajar, entre ellas, medicinas, insumos y equipos.
“De qué sirve tener a uno o dos oncólogos que pasen consulta dos veces por semana y que vengan solo a entregar un récipe a los pacientes y a infundirles ánimo porque no cuentan ni siquiera con los medicamentos para aplicar un tratamiento completo”.
La parlamentaria admite que tanto ésta como otras situaciones han sido planteadas en el seno de la AN a través de la Comisión de Salud y quienes tienen la responsabilidad de dar respuestas no lo hacen porque no reconocen la existencia del problema, aun cuando la población continúa menguando.
“Cerraremos 2016 con índices de muerte materna por el orden del 60% porque aquí han sido eliminados todos los programas de asistencia a las madres en estado de gestación y las mujeres embarazadas no consiguen calcio ni hierro, ni ácido fólico ni ningún medicamento para lograr que su bebé y ellas misma puedan estar sanos”.
Cierra la parlamentaria refiriendo que ésta es otra de las razones por las que la población debe participar sin miedo en la marcha de Caracas el 1S, por el derecho a la salud , pero además por el respeto a la vida que a su juicio, está siendo vulnerado.
Olivares: TSJ demuestra la bajeza de Maduro al declarar inconstitucional Ley de Crisis Nacional en Salud
Para el TSJ lo importante son los negocios que tienen el gobierno de Maduro con India, con China, con la República del Islam y la triangulación de Cuba
Para el TSJ lo importante son los negocios que tienen el gobierno de Maduro con India, con China, con la República del Islam y la triangulación de Cuba
Redacción
“Con la sentencia queda demostrado que el Gobierno no le importa la vida de los venezolanos por falta de medicinas. Responsabilizamos a Nicolás Maduro de cada muerte que exista de hoy en adelante”, expresó el Diputado y Presidente de la Comisión de Salud de la Asamblea Nacional José Manuel Olivares.
“En este país los pacientes en los hospitales protestan todos los días porque no tienen como hacerse sus tratamientos y lamentablemente Maduro sigue anteponiendo la política ante la vida. Hoy madres lloran a sus hijos porque murieron porque no consiguieron medicinas para salvarle las vidas y el gobierno indolente se hace la vista gorda a lo que está pasando”, indicó de manera contundente el también médico oncólogo.
“Señores del gobierno en la emergencia de los hospitales no te preguntan si eres de un partido o de otro porque la salud, y en Venezuela no hay como atender a los venezolanos, los pacientes con cáncer se están muriendo porque no encuentran las quimioterapias, los diabéticos no encuentran insulina, los hipertensos no encuentran su medicina para el corazón los pacientes con VIH no tienen antiretrovirales y no importa si son rojos, blancos azules o amarillos”.
“Para el TSJ lo importante son los negocios que tienen el gobierno de Maduro con India, con China, con la República del Islam y la triangulación de Cuba. Juegan con la salud de un país que hoy pasa por una crisis de salud nunca antes vista y quienes pierden son los venezolanos”, aseguró el diputado electo por Vargas.
“Es hora de dejar las diferencias políticas a un lado y empezar a trabajar para solucionarle los problemas a la gente, para eso es que estamos acá, porque si no, no tiene sentido”
El diputado indicó que al declarar inconstitucional la ley, queda demostrado la maldad, la indolencia, el hambre de poder, la falta de conciencia y la falta de corazón, “hoy son una humillación hasta para la ideología por la que militan”.
The New York Times deja al descubierto el Colapso del sistema de salud en Venezuela
La crisis económica de este país ha desembocado en una emergencia de salud pública que causa la muerte de un número incalculable de venezolanos
La crisis económica de este país ha desembocado en una emergencia de salud pública que causa la muerte de un número incalculable de venezolanos
José Villarroel, herido por una puñalada, esperó durante horas en un quirófano en la sala de emergencias en el Hospital Luis Razetti, en Barcelona, Venezuela. Credit: Meridith Kohut para The New York Times
Con información del The New York Times
El Diario estadounidense The New York Times realizó un amplio trabajo de investigación y reportaje titulado: Mueren recién nacidos y faltan las medicinas: el colapso del sistema de salud en Venezuela.
El trabajo especial de investigación, que narra las desgarradoras historias detrás de la crisis humanitaria en materia de salud, que padecen los venezolanos. Toca aspectos como la crisis económica, la muerte de los neonatos, el desabastecimiento de medicamentos y el colapso de la red hospitalaria nacional.
Mueren recién nacidos y faltan las medicinas: el colapso del sistema de salud en Venezuela
BARCELONA, Venezuela — Esa mañana tres recién nacidos ya habían muerto.
El día había comenzado con los riesgos habituales: la escasez de antibióticos, soluciones intravenosas y alimentos. Luego, un apagón eléctrico se extendió por la ciudad y los respiradores de la sala de maternidad dejaron de funcionar.
Durante horas los médicos mantuvieron vivos a los recién nacidos enfermos bombeando manualmente aire en sus pulmones. Al caer la noche, cuatro más habían fallecido.
“La muerte de un bebé es nuestro pan de cada día”, dijo Osleidy Camejo, una médico cirujano que trabaja en Caracas, sobre el colapso de los hospitales en Venezuela.
La crisis económica de este país ha desembocado en una emergencia de salud pública que causa la muerte de un número incalculable de venezolanos. Es solo una parte de una crisis mayor que se ha vuelto tan generalizada que el Presidente Nicolás Maduro decretó un estado de emergencia que ha aumentado los temores de que el gobierno colapse.
Las salas de los hospitales se han convertido en crisoles donde convergen las fuerzas que desangran a Venezuela. Los guantes y el jabón han desaparecido de algunos hospitales. A menudo, los medicamentos para el cáncer solo se encuentran en el mercado negro. Hay tan poca electricidad que el gobierno solo trabaja dos días a la semana para ahorrar la energía que queda.
En el Hospital de la Universidad de los Andes, en las montañas de la ciudad de Mérida, no había suficiente agua para lavar la sangre de las mesas de operaciones. Los médicos se preparaban para las cirugías y tenían que limpiarse las manos con botellas de agua mineral.
“Es algo del siglo XIX”, dijo Christian Pino, un cirujano del hospital.
Las cifras son devastadoras. La tasa de mortalidad entre los bebés de menos de un mes de edad aumentó más de cien veces en los hospitales públicos dependientes del Ministerio de Salud: superó el 2 por ciento en 2015 mientras que en 2012 se ubicaba en 0,02, según un informe gubernamental divulgado por legisladores.
En los hospitales la tasa de mortalidad entre las nuevas madres aumentó casi cinco veces en el mismo periodo, según el informe.
En la ciudad portuaria de Barcelona, dos bebés prematuros murieron recientemente mientras eran trasladados al principal hospital público porque la ambulancia no tenía tanques de oxígeno. El hospital no funciona a toda su capacidad porque las máquinas de rayos X o de diálisis renal se dañaron hace mucho tiempo. Y no hay camas suficientes, por lo que algunos pacientes yacen en el suelo en charcos de su propia sangre.
Son hospitales de campaña en un país donde no hay guerra.
“Algunos llegan sanos y salen muertos”, dijo Leandro Pérez, en la sala de emergencias del Hospital Luis Razetti, uno de los centros de salud de Barcelona.
Un pasillo lleno de pacientes sin camas en el Hospital Luis Razetti de Barcelona, Venezuela. Credit: Meridith Kohut para The New York Times
Esta nación tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, sin embargo, el gobierno no ahorró dinero para los tiempos difíciles cuando los precios del petróleo eran altos.
Ahora que cayeron las cotizaciones del crudo, se proyecta una sombra destructiva por todo el país. Hacer filas para poder comprar comida es, desde hace mucho tiempo, una característica de la vida en Venezuela, pero hoy en día estallan en saqueos. El bolívar, la moneda venezolana, ya casi no tiene valor.
La crisis está centrada en una disputa política entre los socialistas que controlan la presidencia, y sus rivales en la Asamblea Nacional. En enero los legisladores opositores declararon una crisis humanitaria, y este mes aprobaron una ley que permitiría que Venezuela aceptara ayuda internacional para rescatar el sistema de salud.
“Este es un acto criminal que no podemos aceptar en un país con tanto petróleo, y la gente se está muriendo por falta de antibióticos”, dice Oneida Guaipe, legisladora y exdirigente sindical en hospitales.
Pero Maduro rechazó esta propuesta en una alocución televisiva y la calificó como un intento de privatizar el sistema hospitalario y un ataque dirigido a su gobierno.
“Dudo que en otro lado del mundo, más allá de Cuba, exista un mejor sistema de salud que este”, dijo Maduro.
El año pasado explotaron las viejas bombas que suministraban agua al Hospital de la Universidad de los Andes y no fueron reparadas durante meses.
Así que sin agua, guantes, jabón ni antibióticos, un grupo de cirujanos se preparaba para remover un apéndice que estaba a punto de estallar, pese a que la sala de operaciones todavía estaba llena de la sangre de otros pacientes.
Incluso en la capital, solo dos de los nueve quirófanos del Hospital de Niños J. M. de los Ríos están funcionando.
“Hay personas que mueren por falta de medicinas, niños que mueren por desnutrición y otros mueren porque no hay personal médico”, dijo Yamila Battaglini, una cirujana del hospital.
Los doctores del Hospital Luis Razetti en Venezuela improvisan, con jarras y envases de plástico, para estabilizar a los pacientes con fracturas. Credit: Meridith Kohut para The New York Times
Pese a que los hospitales colapsan en toda Venezuela, el Hospital Luis Razetti de Barcelona se ha convertido en uno de los casos más notorios.
En abril, las autoridades detuvieron a su director, Aquiles Martínez, y lo removieron de su cargo. Las informaciones de medios locales señalaron que fue acusado de robar equipos del hospital como las máquinas para el tratamiento de personas con enfermedades respiratorias, soluciones intravenosas y 127 cajas de medicinas.
Hace unos días, el médico Freddy Díaz hacía su guardia nocturna y caminaba por un pasillo que se había convertido en una sala improvisada para los pacientes que no tenían camas. Algunos tenían vendas empapadas de sangre y desde el suelo clamaban por ayuda. Uno de ellos, traído por la policía, estaba esposado a una camilla. Las cucarachas se esconden cuando se entra en un cuarto de suministros.
Díaz registró los datos de un paciente en la parte posterior de un extracto de cuenta bancaria que alguien había tirado a la basura.
“Nos quedamos sin papel”, explica.
En el cuarto piso estaba Rosa Parucho, de 68 años, quien fue una de los pocas personas que logró conseguir una cama, aunque el colchón estaba tan dañado que le salieron llagas en la espalda.
Pero ese era el menor de sus problemas: Parucho es diabética y no pudo recibir diálisis renal porque las máquinas estaban dañadas. Una infección se le había extendido hasta sus pies, que lucían tan negros como la noche. Estaba por entrar en un shock séptico.
La mujer necesitaba oxígeno pero no había. Sus manos temblaban y tenía los ojos en blanco.
“Las bacterias no están muriendo; sino están creciendo”, dijo Díaz mientras señalaba que tres de los antibióticos que ella necesitaba no habían estado disponibles desde hace meses.
“Vamos a tener que amputarle los pies”, aseveró.
Tres familiares estaban sentados y leían el Antiguo Testamento frente a una mujer inconsciente. Había llegado seis días antes pero como una máquina de escaneo estaba descompuesta, pasó mucho tiempo antes de que alguien descubriera el tumor que tenía en el lóbulo frontal.
Samuel Castillo, de 21 años, llegó a la sala de emergencias y necesitaba sangre. Pero los suministros se habían agotado. Ese día fue declarado como feriado por el gobierno para poder ahorrar electricidad, y el banco de sangre solo toma donaciones en días laborables. Castillo murió esa noche.
Yulitza Roa, de 15 años, tiene un tumor cerebral pero su cirugía se ha retrasado porque en el Hospital Luis Razetti no tienen los equipos necesarios. Credit: Meridith Kohut para The New York Times
Durante los últimos dos meses y medio, el hospital no ha tenido materiales para imprimir los rayos X. Por lo tanto, los pacientes deben utilizar sus teléfonos para tomar una foto de sus exploraciones y llevárselas a su médico.
“Parece tuberculosis”, dijo un médico en la sala de emergencias mientras miraba la imagen de un pulmón en un teléfono celular. “Pero no puedo asegurarlo. La calidad es mala”.
Encontrar las medicinas es el reto más difícil.
Una farmacia aquí en Barcelona está llena de estantes vacíos debido a la escasez de las importaciones que el gobierno ya no puede pagar. Cuando los pacientes necesitan un tratamiento, los médicos le dan a la familia una lista de medicamentos, soluciones y otros elementos necesarios para estabilizarlos o para realizar una cirugía. Los familiares deben encontrar a los vendedores del mercado negro que tienen las mercancías.
Lo mismo pasa con casi todo lo demás que se necesite.
“Ahora debe traer los pañales”, le dijo una enfermera a Alejandro Ruiz, cuya madre había sido trasladada a la sala de emergencias.
“¿Qué más?”, preguntó Ruiz, quien había llevado bolsas de basura llenas de mantas, sábanas, almohadas y papel higiénico.
Nicolás Espinosa estaba junto a su pequeña hija que ha padecido de cáncer durante dos de sus cinco años de vida. Se estaba quedando sin dinero para comprar las soluciones intravenosas. La inflación aumentó el precio de esos insumos 16 veces más de lo que pagó hace un año.
Tenía una lista de medicamentos que trató de encontrar en Barcelona y en una ciudad vecina. El tratamiento de su hija se interrumpió cuando el Departamento de Oncología se quedó sin los medicamentos necesarios hace un mes y medio.
Cerca de él, un letrero escrito a mano decía: “Vendemos antibióticos – Negociables” y aparecía el número de un vendedor del mercado negro.
Una protesta el mes pasado en Caracas por la crisis hospitalaria. Credit: Meridith Kohut para The New York Times
Biceña Pérez, de 36 años, recorrió los pasillos en busca de alguien que la escuchara.
“¿Alguien puede ayudar a mi papá?”, preguntaba.
Su padre, José Calvo, de 61 años, había contraído mal de Chagas, causado por un parásito. Pero la medicina que le prescribieron se agotó este año y había comenzado a sufrir de insuficiencia cardiaca.
Seis horas después un grito se escuchó en la sala de emergencias. La hermana de José se lamentaba y decía: “Mi negrito, mi negrito”. El hombre había muerto.
Su hija caminó sola por la sala de emergencias, sin saber qué hacer. Se cubrió la cara con las manos, y luego apretó los puños.
“¿Por qué el director del hospital se robó los equipos?”, fue todo lo que pudo decir. “¿Dime quién tiene la culpa?”.
El noveno piso del hospital es la sala de maternidad, donde siete bebés habían muerto el día anterior. Al final del pasillo había una habitación llena de incubadoras dañadas.
Una tenía el cristal roto. Cables rojos, amarillos y azules colgaban de otra.
“No usar – no funciona”, decía un registro fechado en noviembre pasado.
Amalia Rodríguez estaba en el pasillo.
“Tuve un paciente que necesitaba respiración artificial, y no tenía ninguna disponible”, dijo la especialista. “Un bebé. ¿Qué podemos hacer?”.
El día del apagón, Rodríguez dijo que el personal del hospital trató de encender el generador, pero que no funcionó.
Los médicos hicieron todo lo posible para mantener vivos a los bebés: les bombearon aire de forma manual hasta que los empleados quedaron totalmente exhaustos. Es imposible saber cuántos bebés murieron por la interrupción de energía, teniendo en cuenta las demás deficiencias del hospital.
“¿Qué podemos hacer?”, dijo Rodríguez. “Todos los días alguna incubadora no se calienta, se pone fría, lo que significa que está dañada”.
Dip. Olivares presentó Ley Especial para Atender la Crisis Humanitaria de Salud
“Logramos conseguir ayuda humanitaria y medicamentos donados, pero Nicolás Maduro antepuso la política y no aceptó las medicinas”
“Logramos conseguir ayuda humanitaria y medicamentos donados, pero Nicolás Maduro antepuso la política y no aceptó las medicinas”
Evely Orta
Este jueves 10 de marzo cuando se celebra el Día del Médico, el diputado de la Unidad, José Manuel Olivares, presentó ante la plenaria de la Asamblea Nacional la Ley para Atender la Crisis Humanitaria de Salud, asegurando que no solo será para solventar la escasez de medicamentos e insumos médicos, sino que también buscará que se permitan donaciones internacionales de estos rubros.
Olivares criticó las negativa del Gobierno en aceptar la ayuda humanitaria que estaban ofreciendo países como España y Brasil. Ambos a través de las gestiones de diputados de la MUD, tenían dispuesto donar fármacos e insumos médicos para ayudar a solventar la crisis.
“Logramos conseguir ayuda humanitaria y medicamentos donados. Vimos como el diputado Borges conseguía la ayuda humanitaria de España pero Nicolás Maduro antepuso la política y no aceptó las medicinas”.
El también medico en su intervención denunció el grave estado de varios hospitales públicos del país, como la Maternidad Hugo Chávez Frías asegurando, con el apoyo de imágenes, que en la mencionada las mujeres que acaban de dar a luz comparten camas, y los recién nacidos las incubadoras.
En este mismo orden describió las condiciones críticas en la que se encuentra el Hospital de Mérida, donde las mujeres embarazadas son atendidas en una camilla deteriorada casi en el piso y los pasillos son utilizados para colocar en camas a los pacientes con “Guillan-Barré”.
Olivares aseguró que “la mortalidad en el país se ha incrementado en un 300%”, detalló señalando el grafico.
El diputado por la bancada de la MUD, aprovechó la oportunidad para felicitar a todos los médicos, enfermeras y camareros que laboran en los hospitales de Venezuela.“Hay aun médicos, enfermeros, camareros, que le dan la cara a los pacientes para decirle ‘no hay insumos’ debido a la crisis, por una mala administración”.