La industria cementera venezolana: 17 años de declive tras la nacionalización y signos de recuperación reciente

Analistas y sindicatos coinciden en que el futuro del sector dependerá de la sostenibilidad de las inversiones

Guanta, 1 de febrero de 2026. – La industria cementera de Venezuela atraviesa una etapa de profundas transformaciones tras casi dos décadas de gestión estatal, marcada por un pronunciado declive productivo desde la nacionalización iniciada en 2008 y reportes recientes de reactivación en 2025.

En 2007, antes de las expropiaciones, el sector registraba una producción anual de 10,2 millones de toneladas métricas, según datos históricos de la época. Sin embargo, tras la nacionalización de empresas como Cemex, Holcim y Lafarge bajo el gobierno de Hugo Chávez –motivada entonces por objetivos como reducir la contaminación, aumentar la oferta y fortalecer el control estatal–, la capacidad productiva se redujo drásticamente en los años siguientes.

Fuentes independientes y sindicales han atribuido esta caída a factores como la falta de inversión en mantenimiento, control de precios, inestabilidad institucional y deterioro técnico de las plantas. Para 2015, pese a la entrada en operaciones de la nueva planta Cementos Cerro Azul en Monagas, la producción ya había disminuido en torno al 40-50%, y en períodos posteriores llegó a operar por debajo del 40% de su capacidad instalada, con paralizaciones significativas en instalaciones clave.

El impacto laboral ha sido notable: miles de trabajadores se han visto afectados por reducciones de personal, protestas por condiciones laborales y violaciones denunciadas de derechos sindicales. Organizaciones obreras han reportado movilizaciones en plantas como Cemento Andino y otras, con cifras que oscilan entre cientos y miles de empleados involucrados en conflictos.

En los últimos años, la industria ha mostrado signos de recuperación, según reportes oficiales. Durante el primer semestre de 2025, la producción nacional de cemento creció un 14% en comparación con el mismo período del año anterior, impulsada –de acuerdo con autoridades– por el esfuerzo de la clase trabajadora, alianzas estratégicas con el sector privado y la reactivación de plantas como Pertigalete (Anzoátegui), Ocumare (Miranda), Cerro Azul (Monagas) y Cemento Andino (Trujillo).

La Corporación Socialista del Cemento (CSC), entidad estatal que agrupa el sector, ha anunciado planes ambiciosos: superar los 4 millones de toneladas en 2026 y alcanzar hasta 8 millones de toneladas anuales, lo que acercaría la producción a niveles cercanos a los de finales de la década de 2000. Además, se han registrado exportaciones de cemento por encima de las 15.000-25.000 toneladas en meses específicos de 2025, como parte de una estrategia de diversificación.

Analistas y sindicatos coinciden en que el futuro del sector dependerá de la sostenibilidad de las inversiones, el mantenimiento técnico y la estabilidad operativa, en un contexto de desafíos económicos persistentes. La industria cementera, vital para la construcción y la Gran Misión Vivienda Venezuela, sigue siendo un indicador clave de la recuperación industrial del país.

Redacción

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