De Danilo a Serra. Por Pedro Segundo Blanco (@pedrosegundoABP)

No se trata de una dirección, ni de una esquina caraqueña, de las tantas que identifican los sectores de la gran ciudad, por la historia de hechos y personajes, que enriquecieron el valor deportivo, cultural, anecdótico o empresarial, sino de hacer referencia que el 18 de noviembre de 2.004, cuando ya Venezuela tenía casi seis años con la nueva experiencia que significó Hugo Chávez en el poder, comenzó en el País una horrible etapa de terror y muerte selectiva, jamás experimentada en nuestra hasta entonces pacífica Nación, porque el comienzo de esa noche caraqueña de Los Chaguaramos, dejó sentir la estruendosa explosión de la bomba que le segó la vida, al fiscal del ministerio público Danilo Anderson, hecho que desencadenó en el peor teatro negro jamás vivido por nuestra sociedad, cuando el entonces fiscal general de la República Isaías Rodríguez, montó el tinglado del testigo estrella, para tratar de hacerle ver a Venezuela y el mundo, que se trataba de un asesinato por encargo, ordenado por altos dirigentes de la oposición democrática venezolana, que por cierto gracias a este vulgar y develado montaje, estos aún purgan la pena del autoexilio, por las ilegales y abusivas órdenes de captura, acusaciones y sentencias en su contra dictadas, desde los órganos del poder judicial supeditados al régimen, que nos gobierna desde el 2 de febrero de 1.999.

A este tenebroso crimen, aún no esclarecido por las autoridades, porque todo el show se les desmontó por sí sólo, se han ido sumando otros horrendos crímenes; el de Juan Carlos Figarella ex Alcalde del Municipio Sucre del estado Bolívar y diputado al Consejo Legislativo de ese estado para la hora de su asesinato, el de Jesús Aguilarte ex gobernador del estado Apure y militar integrante de la logia que intentó tomar el poder por la fuerza con Hugo Chávez, en los fallidos intentos de golpe de Estado del año 1.992, quien fue atacado a disparos en las delicias de Maracay, en tiempos que ese estado lo gobernaba Rafael Isea, los asesinatos del Concejal Nelson González de Achaguas en el estado Apure, secuestrado y muerto, el del presidente del concejo municipal de Caracas Eliézer Otaiza, ex director de la antigua DISIP e integrante del primer anillo de seguridad del fallecido presidente Chávez, quien fue hecho muerto en extrañas circunstancias y desfigurado su rostro, el vil crimen del Alcalde del municipio Arismendi, Río Caribe del estado Sucre, quien también fue víctima de otro hecho dantesco, del que se asegura que fueron cerca de un centenar de puñaladas que le cegaron la vida, para continuar la semana pasada, cuando el miércoles primero de octubre, cerca de la media noche, conocimos por los medios de comunicación, la infortunada noticia del crimen perpetrado contra el joven parlamentario del PSUV Robert Serra y de su asistente en la Asamblea Nacional, en circunstancias propias de los países, donde la cultura de la muerte, se ha apoderado del cuerpo de la Nación.

Es verdad que durante estos casi 16 años de régimen, las muertes violentas sobrepasan los 250.000 compatriotas, gracias al terrible mal de la inseguridad, la violencia y la muerte y al fracaso del Gobierno, con todos los planes presentados y mal ejecutados en esta materia; pero es verdaderamente preocupante el avance del proceso de descomposición social que estamos viviendo, porque nos ha situado en niveles alarmantes y jamás vividos por nuestro pueblo y porque pareciera, que a Maduro y los representantes de la llamada revolución bolivariana, no les importará el peligroso rumbo que está tomando el país, porque de ellos no se escucha ningún propósito de enmienda o rectificación, sino anuncios politiqueros y excusas que pretenden encontrar los culpables de estos terribles males en el capitalismo, el imperio, la derecha, los apátridas, el fascismo, la burguesía y pare usted de contar, cuando la degradación de nuestra sociedad comenzó con la confrontación, la fractura y el odio generado desde el estado durante todos estos años de chavismo y a estas alturas de la trágica realidad, lejos de corregir el camino, insisten en esa equivocada orientación, que busca sembrar para siempre en la conciencia de nuestro pueblo, la cultura de la muerte.

Ojalá que de Danilo a Serra, sirva para que el Gobierno corrija la equivocada ruta de la cultura de la muerte y trabaje con seriedad y sinceridad por la cultura de la vida.

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