La política de Biden le ha fallado al pueblo venezolano. Hay que volver a una campaña de máxima presión; por Marco Rubio
Dicen que la definición de locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes.
Si es así, la Administración de Biden claramente ha perdido sus cabales. Basta tan solo con examinar la política del presidente Joe Biden hacia Venezuela.
La decisión de la administración de renovar el permiso para que empresas occidentales puedan exportar petróleo a Venezuela a través de la empresa estatal PDVSA es solo el último ejemplo de las recientes demencias.
Se produce apenas tras una semana que el narco-dictador Nicolás Maduro prohibiera ilegítimamente a la opositora María Corina Machado postularse para la presidencia. Es como darle un hueso a un perro después que ha mordido a un amigo.
Esta movida no es nada nuevo, más bien es el último paso en una serie de intentos fallidos de apaciguamiento de esta administración de izquierda en EEUU.
Desde que asumió el cargo, el presidente Joe Biden ha debilitado las sanciones económicas contra Venezuela, permitió que la petrolera estadounidense Chevron reanudara sus operaciones allí y redujo el apoyo de EEUU a la oposición. En noviembre del año pasado, el enviado presidencial John Kerry incluso le extendió la mano a Maduro.
Lo hizo a pesar de que el gobierno de EEUU juzga a Maduro por cargos de narcotráfico.
La administración ha tomado estas medidas con la esperanza de lograr que el régimen negocie con líderes prodemocracia en la Ciudad de México. Sin embargo, en vez de aflojar su control, la dictadura solo lo ha redoblado.
Esto queda claro con los repetidos abusos de poder de la dictadura, incluyendo la tortura de estado del narco-régimen en el centro de tortura como El Helicoide y la inhabilitación de Machado.
El régimen también continúa amenazando la seguridad nacional de EEUU y violando el derecho internacional. Como dijo recientemente la opositora Machado, el régimen es “una tiranía criminal que ha entregado a Venezuela y que tiene vínculos con Rusia, China, Irán, organizaciones terroristas, guerrillas y el narcotráfico”.
Si no cree las palabras de Machado, vea lo que tuvo que decir Michael Renaud, el director del programa de la Oficina de Investigaciones de Seguridad Nacional del presidente Biden. “Hasta que llegué a Washington, no sabía que habían vuelos que llegaban desde Venezuela de manera ilícita”, dijo Renaud en un evento reciente de la OEA. Continuó: “Venezuela puede mover toneladas de cocaína. Imaginense lo que pueden hacer con el oro. Es un narcoestado y, de alguna manera, deben lavar su dinero en economías estables”.
Nada de esto es sorprendente, por supuesto. Estos son los mismos matones que le robaron el poder a Juan Guaidó en el 2019, llevaron al 90 por ciento de la población venezolana al borde de la inanición y obligaron a más de siete millones de ciudadanos a huir del país.
Lo sorprendente es que el presidente Biden todavía piensa que puede sacar algo bueno de esta empresa criminal que se hace pasar por un gobierno. Esta ilusión no le hace bien ni a EEUU ni a Venezuela.
También contrasta con la persecución ideológica de la actual administración a gobiernos pro-EEUU, electos democráticamente, como el caso de Guatemala y El Salvador.
Para recuperar la coherencia de la política exterior sobre Venezuela, debemos volver a la campaña de máxima presión de la Administración de Donald Trump.
Esto significa rescindir la licencia otorgada a Chevron a principios de este año. Significa tomar medidas enérgicas contra los países que restablecen los lazos diplomáticos con el régimen de Maduro y permiten sus abusos. Significa convertir la misión de investigación de las Naciones Unidas en Venezuela en una comisión de investigación independiente.
Finalmente, significa designar al régimen venezolano y sus “colectivos” paramilitares como organizaciones terroristas extranjeras, duplicar las sanciones e impedir que el régimen asuma los asientos de Venezuela en la OEA, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Sé que esto es pedir mucho del gobierno de izquierda de la Administración de Biden. Pero al final del día son medidas de sentido común.
Venezuela está gobernada por una empresa criminal fundamentalmente opuesta a los intereses nacionales de EEUU. Ningún apaciguamiento cambiará eso.
Marco Rubio es el senador republicano de la Florida.
Los militares de Venezuela deben remover a Maduro; por: Marco Rubio / @MarcoRubio
Nadie debería engañarse cuando el dictador venezolano Nicolás Maduro celebre una elección presidencial fraudulenta y trate de forzar la realización de elecciones legislativas ilegítimas para reemplazar a la Asamblea Nacional, electa democráticamente, el 22 de abril. Aunque Maduro, respaldado por Castro, y sus compinches quieren usar una votación fraudulenta para restaurar su legitimidad internacional, estas “elecciones” no serán libres ni justas y sí completamente manipuladas.
Maduro prácticamente ha impedido que cualquier opositor político creíble —incluidos sus rivales políticos más fuertes, Leopoldo López, María Corina Machado, Henrique Capriles y Antonio Ledezma— se le enfrente en las urnas.
El régimen vigilará la forma en que votan los empleados del gobierno y los que reciben alimentos subsidiados, con la clara amenaza de que perderían sus trabajos o su comida si no votan por Maduro.
Y el régimen no permitirá que supervisores internacionales, creíbles y transparentes, observen la votación, lo cual le permite alterar resultados desfavorables en las urnas, como hicieron en las elecciones ilegítimas de la Asamblea Constituyente en julio del 2017 y en las elecciones regionales de octubre del 2017.
En breve, sus “elecciones” fraudulentas no serán libres, justas ni transparentes por una sencilla razón: si lo fueran, Maduro perdería.
Maduro está perdiendo su control del poder. Su capacidad de robar la riqueza de su país y salpicar a su círculo íntimo de compinches y miembros del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) con dinero y otros beneficios especiales se está erosionando mientras Estados Unidos, la Unión Europea y otros países de mentalidad similar siguen aumentando las sanciones.
Y mientras la economía venezolana se desploma y la crisis humanitaria empeora debido a la corrupción y la mala administración de Maduro, los venezolanos siguen sufriendo escasez de alimentos, medicinas y otros productos básicos bajo el gobierno del dictador.
Un nuevo estudio halló que el 90 por ciento de los 31 millones de venezolanos viven en la pobreza y que los ciudadanos perdieron, en promedio, casi 24 libras de peso el año pasado. Las enfermedades crónicas e infecciosas son comunes y los hospitales carecen de suministros adecuados para atender a los pacientes. La inflación es del 4,000 por ciento, y hasta los militares y los que eran leales a Maduro están desesperados por encontrar comida.
Aproximadamente 1.2 millones de refugiados han huido de la crisis en Venezuela hacia países vecinos en los dos años pasados. La mayor parte ha emigrado a Colombia y Brasil.
La posibilidad de que se reanuden alzamientos populares o protestas violentas en Venezuela en cualquier momento es palpable.
La escasez de alimentos y la hiperinflación también están enfureciendo a las ya desmoralizadas fuerzas armadas y a la policía, y llevando a más casos de insubordinación y a deserciones.
El pueblo venezolano y los soldados rasos pueden ser el mejor instrumento para poner fin a la dictadura y restaurar la democracia constitucional en Venezuela.
La historia nos recuerda que los déspotas rara vez ceden el poder dictatorial voluntariamente. La vía más estable y pacífica para Venezuela consiste en que un frente unido de militares y desafectos dentro del gobierno, con apoyo popular, saque del poder a Maduro y a su círculo.
A esa salida debe seguir un gobierno de transición. Mientras dé pasos hacia la restauración de la democracia constitucional, Estados Unidos y sus países aliados deben suministrar alimentos, medicinas y otra ayuda humanitaria al pueblo venezolano y un alivio rápido a la mal dirigida economía venezolana.
Mientras no haya un gobierno sin Maduro en Venezuela, Estados Unidos debe seguir llenando vacíos en las sanciones económicas actuales, considerar sanciones en el sector energético, cerrar todo acceso al sistema financiero norteamericano, y castigar a las instituciones financieras extranjeras y a otras entidades que estén ayudando a la dictadura a ganar más tiempo.
Maduro y su círculo íntimo, que buscan preservar su poder y enriquecerse, han destruido la democracia y la han reemplazado con la dictadura. Pero los militares venezolanos, con el apoyo popular, pueden poner fin a esta dictadura y restaurar la libertad, la dignidad y el derecho del pueblo a gobernarse. Si deciden hacerlo, creo que disfrutarán de un enorme apoyo de Estados Unidos y otros países libres.
Marco Rubio @marcorubio
Senador republicano por la Florida.