Empadronarse: el inicio del fin del fraude electoral; por Pedro Galvis / @pgalvisve

Hay momentos en los que un país se define. Momentos en los que quedarse quieto equivale a rendirse, y actuar se convierte en un deber moral. Venezuela está en uno de esos momentos. Y hoy, la diferencia entre resignación y cambio comienza con una decisión concreta: empadronarse.

El fraude electoral en Venezuela no empieza el día de la votación. Empieza mucho antes, en un registro manipulado que decide quién cuenta y quién no. Y por eso, también es allí donde comienza a terminar.

Durante más de 25 años, el Registro Electoral ha sido convertido en un instrumento de control, no de representación. Un padrón inflado a 31,6 millones, cargado de fallecidos, irregularidades y distorsiones deliberadas, ha sostenido una ficción: la de elecciones que aparentan legitimidad, pero que nacen viciadas desde su origen.

Frente a esa estructura, el empadronamiento ciudadano impulsado por Vente Venezuela no es un simple trámite. Es una acción directa contra el corazón del fraude. Es levantar, ciudadano por ciudadano, un registro real frente a uno adulterado. Es, como lo plantea Humberto Villalobos, “contar palitos”… pero esta vez sin trampas, sin fantasmas, sin exclusiones.

Porque la exclusión no ha sido accidental. Cerca de 6 millones de jóvenes siguen fuera del sistema. Entre 4 y 5 millones de venezolanos en el exterior han sido prácticamente borrados del mapa electoral. No es descuido: es diseño. Es la forma en que se fabrica una mayoría artificial.

Empadronarse, entonces, es mucho más que registrarse. Es un acto de afirmación política. Es recuperar el derecho a existir dentro del sistema. Es desmontar, pieza por pieza, una maquinaria construida para distorsionar la voluntad popular.

Pero también es construcción. Este proceso crea una base de datos independiente, verificable y respaldada por tecnología biométrica, capaz de convertirse en el cimiento de un nuevo sistema electoral. Uno que refleje al país real, no al país manipulado.

Más de un millón y medio de venezolanos ya han dado el paso. Es un comienzo poderoso, pero insuficiente frente a la magnitud del desafío. La meta es clara: millones de ciudadanos activos, visibles y organizados, capaces de hacer imposible cualquier intento de ocultar la verdad.

Aquí no hay espacio para la indiferencia. Cada persona que no se registra es un vacío que el sistema aprovecha. Cada persona que sí lo hace, es una grieta que se abre en el fraude.

La historia no cambia por inercia. Cambia cuando los ciudadanos deciden intervenir en ella.

Empadronarse es ese punto de partida. Es el primer paso concreto para desmontar la mentira y reconstruir la confianza. Es comenzar a devolverle sentido a la palabra “elección”.

Porque sin un padrón limpio, no hay elecciones libres. Y sin elecciones libres, no hay democracia posible.

Este es el momento. No cuando sea más fácil. No cuando sea más cómodo. Es ahora, cuando más se necesita.

Venezuela no se va a recuperar sola. Se va a reconstruir cuando sus ciudadanos decidan contarse, reconocerse y hacerse valer.

Empadronarse no es el final del camino. Pero sí puede ser, por primera vez en mucho tiempo, el inicio real del fin del fraude electoral.

Redacción

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