Si hay una salida del laberinto; por Pedro Galvis / @pgalvisve

En Venezuela no hay gobierno, sino un régimen que funciona como un ejército de ocupación ideológico y criminal. Carece de legitimidad de origen y de ejercicio: ignora la voluntad popular, simula elecciones libres y, cuando el resultado no le favorece, las roba falsificando los resultados. Utiliza el aparato del Estado para perseguir, encarcelar, torturar y desaparecer a quienes se atreven a disentir. No es una administración; es una maquinaria de poder que se sostiene por la fuerza y la mentira.

Este régimen ha perfeccionado el arte del engaño. Finge dialogar, simula cumplir acuerdos internacionales y promete aperturas que nunca materializa. La evidencia es irrefutable: los presos políticos siguen tras las rejas, las familias destrozadas no obtienen justicia y la llamada “ley de amnistía” no es más que un instrumento de impunidad para sus propios delitos.

En lugar de avanzar hacia la reconciliación, el régimen ha desarrollado un paquete de leyes orwellianas diseñadas para castigar el disentimiento, criminalizar la oposición y consolidar su proyecto de dominación total. Mientras derogan o ignoran cualquier norma que les resulte incómoda, demuestran que su palabra no vale nada.

Existe una salida clara de este laberinto: una transición real y ordenada, con plazos concretos y verificables. El esquema de tres fases propuesto por Estados Unidos —estabilización económica, re-institucionalización y elecciones libres y transparentes— ofrece un camino sensato, siempre que los compromisos se cumplan sin dilaciones ni trampas. Hasta ahora, solo hemos visto la fachada de la estabilización, mientras la represión continúa y las instituciones siguen secuestradas.

En este momento decisivo, una líder concentra la confianza mayoritaria del pueblo venezolano y la legitimidad moral para encabezar el cambio: María Corina Machado, galardonada con el Premio Nobel de la Paz 2025. Su coraje, coherencia y capacidad de convocatoria la han convertido en el símbolo más potente de la resistencia democrática. Ella no solo representa esperanza; encarna la posibilidad concreta de reconstruir un país de libertad, justicia, progreso y dignidad.

No basta con esperar. Es hora de actuar con inteligencia y determinación. La ciudadanía debe exigir, de manera unificada y sin descanso:

•  La completa reestructuración del Consejo Nacional Electoral (CNE), con miembros independientes y auditables.

•  Un cronograma electoral claro, con fechas inamovibles, sin inhabilitaciones arbitrarias ni partidos judicializados.

•  El cese inmediato de la persecución política y la liberación de todos los presos de conciencia.

•  Observación internacional creíble, amplia y sin restricciones.

La batalla no se gana solo con denuncias. Se gana organizando cada barrio, cada comunidad, cada red de voluntarios. La dictadura cae cuando la sociedad organizada deja de temer y comienza a exigir.

Venezuela no está condenada a este laberinto. La salida existe y es posible. Requiere presión interna sostenida, apoyo internacional firme y, sobre todo, la convicción de que este régimen no es eterno.

El momento es ahora. No bajemos la guardia. La gran victoria ciudadana está más cerca de lo que parece.

Redacción

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