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El país en medio del secuestro; por: Leocenis García / @Leocenisoficial

El país en medio del secuestro; por: Leocenis García / @Leocenisoficial

Hay un país, que no está en la calle, aunque igualmente y mayoritamente está en contra del Gobierno. Y lo está porque tiene la misma hambre, que hace rugir los estómagos de los que sí están en la calles.

Ese otro país, sigue como el rehén en medio del tiroteo, los acontecimientos en nuestra nación. Ese país intenta trabajar, sobrevivir en medio de la guerra, pero unos le trancan la calle y otros le trancan el pan.

Como un rehén, ese otro país, nada puede hacer para efectos de la trama- ni pedir ayuda al policía(en este caso la oposición)  ocupado en el propósito de ver al atracador rendido, ni pedir clemencia al que tiene la pistola y está atrincherado en un balcón (en este caso el Gobierno). Apenas puede estar expectante en medio del forcejeo, conciente de que se pueden escapar los tiros y, uno de los rehenes  caerá sin vida.

Los rehenes sólo pueden rogar a los santos porque reine la  calma y cordura sabiendo que son sus vidas las que permanecen en juego. 

Parece que el atracador está perdiendo la cordura. Y peor: el policía está perdiendo la paciencia.

Los vecinos curiosos, asomados por las ventanas, terminarán como siempre, divididos en sus opiniones, cuando el seso del primer secuestrado caiga al piso.

Dirán que los polícias no supieron negociar con los malandros y le endilgaran las víctimas. Otros, los más radicales, dirán que con malandros no se negocia y que hay que tomar la casa a plomo. Ahi se pondrá el asunto color de hormiga, porque morirán todos en medio de la plomazón.

Un ser desesperado desde un balcón, pedirá  a grito herido que llamen un cura.

Una vez que aparezca el cura, los policias lo mirarán con desconfianza, porque piensan que un cura nada sabe de secuestros. Los malandros al ver al cura, se entuciasmarán y se aferrarán a su sotana- como el buen ladrón se amarró a Cristo en el Gólgota- pensando que por ser cura no querrá que los maten. Ambos se equivocan.

El cura está ocupado en salvar la vida de los rehenes. Mientras el policía ansía volarle la cabeza a los malechores. Y los malechores a su vez, quieren que les manden un carro para huir del sitio.

El cura  que tiene claro su oficio, sabe que aún cuando al hombre se perdona su pecado, tiene que purgar su culpa.

Lo anterior, ya pasó. Digo, lo del cura, y mediadores.

El país, -unos en unas calles que son pasillos de una enorme celda que es Venezuela, y otros en esas Prisiones que son las casas- estamos a punta de un desenlace fatal.

En medio de tal situación, se sabe que van muriendo venezolanos de bando y bando, a una que apoya al gobierno la matan con una cubeta de hielo lanzada desde un edificio, y a otros jóvenes heroicos los matan a punta de bomba.  

En medio de las  ráfagas de tiros y el clima de crispación de estas horas, estas noticia se van perdiendo. Lo extraordinario, se vuelve ordinario.  Sucede lo que al noble soldado que cae, y el cuerpo creman en silencio, porque los vivos deben seguir ocupándose de los fragores de la guerra.

La oposición dice qué hay que cerrarle el paso a las elecciones y al diálogo. Ese acto es como apagarle la vela a un anciano que lee en medio del lugar donde yacen las sombras, con las gafas vencidas.
El chavismo, ahora cierra las puertas, cuando tiene dos opciones. La primera es muy honrosa: como Mijaíl Serguéyevich Gorbachov, desmontar el modelo y abrirse a la realidad con condiciones; la otra es deshonrosa:  llevar al país a la matazón como Musolini, que cerró el camino a todo entendimiento.

Perdón, corrijo lo de Mijaíl Serguéyevich Gorbachov. No desmontó. Aceleró el derrumbe de un edificio al que el sutnami del hambre había dejado en ruinas.  Y la historia de Mussolini, sí es así, como la de Gadaffi, Milosovis, y Hitler. Unos señores que dejaron esos paises sin diálogo  y sin válvulas de escape y cuando la gente pudo escapar....ustedes saben el resto de la historia.


Leocenis.

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