¿SOLO RESILIENCIA O LE SUMAMOS BRAVO PUEBLO CON VIRTUD Y HONOR? Por Mirtha Tovar (@terydejesus)

Por: Mirtha Tovar / Lecheria

image.jpg

Los venezolanos hemos demostrado hasta la saciedad nuestro envidiable buen humor y maravillosa resiliencia. Somos aguantadores por naturaleza y en situaciones de negligencia, sacrificio, incomodidad y asombro o estupor somos capaces de improvisar una anécdota graciosa o chiste cruel, que levantan el ánimo hasta al más cabizbajo.

La resiliencia, en definición del Instituto Español de Resiliencia, se conoce como "la resistencia frente a la adversidad junto a la capacidad de reconstruirse saliendo fortalecido del conflicto." De esto tenemos una tonelada y debiéramos henchir nuestro pecho de orgullo porque somos luchadores de la vida. Pero en nuestra Venezuela de hoy, ¿basta sólo con ser resiliente? La respuesta es muy sencilla: si nuestra intención es solamente sobrevivir, pues sí.

Hoy día nuestra Venezuela ha sido irresponsablemente golpeada, vejada y expropiada. Digo expropiada porque ya ni siquiera es nuestra, nos han robado el derecho a protestar, a saber qué acontece, a que se nos asista nuestra salud con dignidad, a que podamos comprar productos de la cesta básica sin la humillación de ser marcados como ganado para formar parte de interminables colas. Nuestros gobernantes patrocinan en terceros países proyectos que son una necesidad imperiosa en el nuestro, beneficios y rentas que como dueños de esta tierra nos pertenecen por derecho.

¿Qué es lo que realmente deseamos? ¿Somos felices conformándonos con la alegría pírrica de conseguir leche, pañales y acetaminofén? ¿Nos hace felices salir vivos de un robo de celular? ¡Qué "afortunados" somos de poder conseguir aceite para cambiárselo al carro –en un país petrolero! ¿Sacarnos el pasaporte "bajándonos duro de la mula" es lo que nos merecemos?

Albert Einstein fue claro al decir que "locura es hacer lo mismo una vez tras otra y esperar resultados diferentes".

Cambiar las cosas implica un proceso de concienciación. Lo primero es entender qué queremos, adónde se nos antoja dirigirnos, qué sueños queremos cumplir, cuáles son esos objetivos puntuales que nos llevarán a lograr lo que deseamos.

Es imprescindible reflexionar para darnos cuenta exactamente de qué es lo que estamos haciendo repetidamente mal, cuáles son esas actitudes o acciones, y hasta omisiones, que nos están conduciendo siempre a lograr los mismos indeseados resultados. El poder identificarlos es la clave para comenzar, pero la clave del éxito está en actuar  responsablemente, con disciplina y, especialmente, con perseverancia para modificarlos y es allí donde nos encontramos con esas taras, miedos y conflictos que nuestro cerebro se debate en cambiar.

Como venezolanos, nos corresponde primero internalizar si estamos dispuestos a continuar tolerando esta situación: 1) ¿Queremos tan sólo sobrevivir? ó 2) Estamos claros en que para lograr un cambio debemos hacer algo… Es sencillo, opción 1 u opción 2…

Que nuestra respuesta es la opción 1, entonces no tenemos nada que hacer, vamos por el camino que resulta más cómodamente perfecto, mantengámonos al margen de todo y sobrevivamos… ¡Eso sí, calladitos! No tendremos la autoridad para criticar, porque hemos decidido tolerar.

Nuestra respuesta es la opción 2, pues no sólo seremos resilientes luchadores, sino que además seremos héroes y protagonistas de nuestra decisión de cambio… ¡Manos a la obra! ¡Quiero un nuevo país! ¿Qué debo hacer? ¿Qué propuestas hay? ¿Cuál me convence? ¿Cuál me parece la más lógica y razonable? ¿No las conozco? ¿Quién las conoce? ¿Dónde aprendo de ellas? ¿Quién me las explica?

Se habla de solicitarle la renuncia al presidente, se habla de pedir formalmente la conformación de una Asamblea Constituyente, se habla de Asambleas de Ciudadanos para discutir propuestas de cambio, se habla de participar en las Elecciones Parlamentarias… ¿Conozco las opciones que se manejan? ¿Qué implica cada de una de ellas? ¿Será que en las asambleas de ciudadanos conseguiré la aclaratoria a mis dudas? ¿Cuál satisface mejor mi voluntad de cambio? ¿Soy el venezolano que quiere quedarse en su país, consciente de que soy responsable de mi futuro y él de mis hijos?

¡Ya me decidí! Entonces, me sacudo el desencanto y la parálisis y ¡a por ello! con toda la fuerza de mi alma llanera y de bravo pueblo que lucha por el respeto de mi virtud y honor.