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“Hijos de la revolución”, la película que busca explicar por qué millones de venezolanos se han ido de su país

“Hijos de la Revolución”, una película venezolana que surgió con el propósito de contar la historia reciente de Venezuela todavía no ha obtenido autorización del gobierno de Nicolás Maduro para ser proyectada en salas de cine del país, pero sus productores no pierden la esperanza de lograrlo

“Hijos de la Revolución”, una película venezolana que surgió con el propósito de contar la historia reciente de Venezuela todavía no ha obtenido autorización del gobierno de Nicolás Maduro para ser proyectada en salas de cine del país, pero sus productores no pierden la esperanza de lograrlo

Con información de Voz de América

CARACAS — La crisis que ha vivido Venezuela en años recientes se ha convertido en fuente de inspiración para cineastas y productores independientes venezolanos que cada vez más buscan exponer las vivencias de sus compatriotas, y las de ellos mismos, para explicar al mundo los motivos que han llevado a millones de venezolanos a dejar su país.

“Hijos de la Revolución” es una película venezolana independiente reconocida y galardonada en diversos festivales nacionales e internacionales de cine, entre ellos el de Chicago que, “desde un ángulo objetivo”, tiene el propósito de exponer los principales hitos vividos en Venezuela durante 25 años.

El largometraje, que, además, según sus productores busca enaltecer el liderazgo y la lucha de la mujer venezolana, relata la historia de amor de dos jóvenes de clases sociales e ideologías diferentes que nacieron el 4 de febrero de 1992, cuando el ex presidente Hugo Chávez lideró un fallido golpe de Estado que marcó la historia del país.

No ha sido proyectada en las salas de cine venezolanas, porque no ha sido autorizada por el Estado. Sus productores prefieren no especular sobre los motivos por los que la certificación ha tomado más tiempo del usual, pero afirman que seguirán cumpliendo con los requerimientos solicitados y se muestran optimistas.

Amaury Mogollón, productor de la cinta, explica a VOA que el año pasado, previo al Festival de Cine Venezolano de Mérida, cuando fue proyectada por primera vez, inició el proceso de certificación de la película ante el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (Cenac), ente estatal responsable de la actividad cinematográfica nacional.

“Llevamos once meses entregando recaudos, requisitos, luchando por nuestra certificación y nos encontramos con que esto está en Standby. Estamos optimistas para que el Cenac nos logre dar la certificación como obra nacional”, dice Mogollón.

Consultado sobre las alternativas en caso de no lograr la certificación, ratifica su optimismo y sostiene que continuarán proyectando la película en distintos países.

A partir del 19 de junio iniciarán una gira internacional. La película será proyectada en funciones especiales en varias ciudades colombianas, entre ellas Cali, Bucaramanga, Cúcuta. Posteriormente en España, Estados Unidos, Canadá y México.

Carga simbólica

Con sus ahorros, Mogollón y su pareja colombiana, Wanna Perilla, decidieron cumplir el sueño de contar a los países de acogida el motivo por el que actualmente existen más de 7 millones 700 mil venezolanos refugiados y migrantes en el mundo, según datos de la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela.

El filme, además, guarda simbolismos de su productor, quien también vive fuera de Venezuela: una parte se grabó en la casa donde se crió, en una zona popular de Caracas; resalta el liderazgo de su madre quien, afirma, siempre le inculcó la importancia de su educación, y el lazo que estrechó con su padre.

“Fue el proyecto en el que yo me refugié cuando me dieron la noticia de que mi papá fue diagnosticado de cáncer. Yo buscaba que él no pensara en quimioterapia, en radioterapia y que estuviese pensando en la película. Mi papá pierde la batalla contra el cáncer en diciembre de 2020, y en 2021 decidí sacar adelante el proyecto”, narra Mogollón, también director de una consultora especializada en estrategia, comunicación y campañas electorales.

Bajo la dirección de Carlos Caridad Montero, reconocido director de cine venezolano, la película se grabó en Venezuela, con algunas escenas en Colombia, durante la época de pandemia de COVID-19. Es protagonizada por los actores Naomi de Oliveira, Mauricio Celimén, Augusto Nitti, Jeska Ruiz, Daifra Blanco y Edmary Fuentes.

Desde hace varios años Venezuela ha vivido una crisis política, económica y social que derivó en una emergencia humanitaria compleja que el gobierno atribuye a las sanciones impuestas por Estados Unidos, pero que según miembros de la sociedad civil es preexistente.

"Simón", que logró ubicarse en el top 10 de las películas más vistas de Netflix, o "Relatos del Exilio", son algunos de los más recientes largometrajes venezolanos que junto a "Hijos de la Revolución", muestran parte de la cruda realidad del país y de la diáspora.

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Película venezolana "Papita, maní, tostón", seguirá en extrainning

El filme es dirigido por Luis Carlos Hueck, y protagonizada por Juliette Pardau (Julissa) y Jean Pierre Agostini (Andrés)

El filme es dirigido por Luis Carlos Hueck, y protagonizada por Juliette Pardau (Julissa) y Jean Pierre Agostini (Andrés)

Con información de El Nacional

Todo apunta a que Papita, maní, tostón seguirá en extrainning. La segunda parte del filme estrenado en 2013 está desde hoy en cartelera nacional con la esperanza de ser nuevamente un éxito que permita la continuación de una saga inspirada en la rivalidad entre caraquistas y magallaneros.

Papita 2da base es la secuela de la película venezolana más vista en el país. Dirigida por Luis Carlos Hueck, y protagonizada por Juliette Pardau (Julissa) y Jean Pierre Agostini (Andrés), el largometraje se ubica varios años después de la primera parte, en la que los personajes principales se conocen y enamoran pese a ser grandes rivales por sus equipos favoritos. Ella es ferviente seguidora de los Navegantes del Magallanes, además de hija del presidente del equipo; él es un fanático de los Leones del Caracas que sobrevive con ingresos exiguos.

Ya padres, ambos buscan sobrellevar de la mejor manera las dificultades económicas. Ella se mudó a la casa de él, un ambiente muy diferente a la opulencia en la que creció. Vive con buen humor el racionamiento de agua y el hecho de dormir con el hijo en el mismo cuarto mientras se escuchan tiros en la calle.

Durante la primera media hora, la película se concentra en las particularidades de esta nueva realidad, una situación que se torna más incómoda por la presión de Vicente Gallanes, interpretado por Jose Roberto Díaz, el papá de Julissa, quien no acepta que ella esté pasando tanto trabajo.

El director, quien también es guionista de la cinta junto con Alfredo Hueck, trae nuevamente un mensaje que invita a la reconciliación en un país polarizado y venido a menos emocionalmente. El primer filme, estrenado en diciembre de 2013, logró una empatía con el público al tratar el tema desde una de las pasiones más arraigadas en muchos venezolanos: el beisbol. Con sus bemoles, es una comedia que gustó como lo demuestra la taquilla, aunque por momentos la trama se dispersa en situaciones que poco aportan a la historia de ambos protagonistas solo por el hecho de conectar momentos hilarantes en el público.

Ahora, en Papita 2da base hay una extralimitación en la búsqueda de la carcajada inmediata y constante durante el desarrollo del filme.

Durante buena parte de la película, no hay un conflicto claro más allá de la precariedad económica que ambos comparten a pesar de la cual hacen planes. El espectador no verá una mayor tensión salvo la rutina de los dos como padres en una ciudad de carencias. Él trata de obtener mayores ingresos y ella intenta mejorar en la cocina, además de recuperar cierta chispa que cree perdida.

Claro, los responsables del largometraje no intentan que sea un melodrama doméstico, por lo que a cada momento habrá una situación disparatada con miras a refirmar su carácter de comedia. Sin embargo, no hay un hilo conductor que dé sentido en buena parte de su metraje; más bien se percibe como un collage de sketch que puede lograr a ratos ser hilarante.

Uno de los aspectos más entrañables de la primera entrega, que no existe en esta, fue la relación entre el personaje de Andrés y su abuelo (Miguel Ángel Landa), este último relegado a un conflicto paralelo y distante que es vinculado, repentinamente, con las vicisitudes de los protagonistas.

1,9 millones es la cifra aproximada de espectadores que sumó Papita, maní, tostón desde su estreno en diciembre de 2013. Le siguen Homicidio culposo, con 1,3 millones, y Macu con 1,1 millones.

 

 

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