¿Pueden un agricultor y una startup ganar dinero salvando la Amazonia?
El proyecto, llamado REDD+ Vale do Rio Branco, es el primero de este tipo en el estado
Con información de Bloomberg
Un productor de Roraima iba a talar legalmente miles de hectáreas para sembrar soya. Una empresa de São Paulo lo convenció de dejar el bosque en pie y vender créditos de carbono. El experimento busca algo más difícil que conservar árboles: recuperar la credibilidad del mercado voluntario.
Hace tres años, el agricultor brasileño Ademar Bedin compró una extensión de selva amazónica virgen comparable, en superficie, a una gran ciudad. En Roraima, estado donde el agronegocio avanza con rapidez, su plan era el de tantas generaciones antes: desmontar casi la mitad de la propiedad —hasta el límite legal— y sembrar soya.
No lo hizo. La desarrolladora de proyectos de carbono ZEG, con sede en São Paulo, lo convenció de conservar el bosque y monetizar esa decisión mediante créditos de carbono. Bedin se comprometió a no deforestar unas 6.000 hectáreas (cerca de 15.000 acres) de una finca de unos 14.000 hectáreas en Caracaraí, al sur de Roraima.
El proyecto, llamado REDD+ Vale do Rio Branco, es el primero de este tipo en el estado.
No es el REDD+ de siempre
La diferencia no es menor. La mayoría de los proyectos de “reducción de emisiones por deforestación y degradación” (REDD+) intenta evitar la tala ilegal o no planificada. Este apunta a algo más incómodo para el mercado: el desmonte legal.
En Brasil, después de descontar la Reserva Legal y las Áreas de Preservación Permanente, el productor puede destinar una porción de la finca a la agropecuaria. En Roraima esa fracción llega a cerca del 50%, porque más de dos tercios del estado ya está cubierto por unidades de conservación y tierras indígenas. Es decir: Bedin podía tumbar el bosque sin violar la ley.
ZEG Florestal (unidad del Grupo Capitale, bajo la marca Zero Emission Goal) argumenta que pagar para que no se ejerza ese derecho legal genera créditos más sólidos, porque la amenaza de deforestación es real y documentable. Estima que el proyecto evitará más de 4 millones de toneladas de CO₂ equivalente en un horizonte de unas cuatro décadas.
La empresa no compra la tierra. Toma el derecho real de uso de superficie por 40 años, bloquea jurídicamente la conversión del área y reparte con el dueño los ingresos de la venta de créditos. El inversion previsto ronda los 50 millones de reales, con una primera fase de unos 15 millones para infraestructura contra incendios, vigilancia, estudios de biodiversidad y validación ante Verra, el principal estándar internacional del mercado voluntario.
Por qué Roraima importa
Roraima se ha convertido en frontera agrícola. Según datos del IBGE citados por la propia ZEG, el área de soya en el estado pasó de unas 18.700 hectáreas en 2017 a más de 117.000 en 2024: un salto de más del 500%. La producción se multiplicó por nueve. Conservar bosque en una zona con esa presión es, en teoría, más creíble que proteger un pedazo de selva que nadie iba a tocar.
El proyecto también apunta a la bioeconomía local: manejo de decenas de miles de castañeras nativas y generación de empleo en la zona. Para el monitoreo de incendios, ZEG instaló el sistema Pantera, con inteligencia artificial, en alianza con la startup Um Grau e Meio: según la empresa, es la primera vez que esa tecnología se usa en un REDD+ brasileño.
El problema de fondo: la integridad
El mercado voluntario de carbono arrastra una crisis de confianza. En los últimos años se han documentado créditos “de papel”, baselines inflados y proyectos que pagaban por bosques que no corrían un riesgo real de tala. Compradores corporativos se retrajeron. Los precios de muchos offsets forestales se deprimieron.
ZEG presenta el piloto de Roraima como un intento de “hacerlo distinto”: lock-in legal de largo plazo, cuenta escrow para garantizar la entrega de créditos, certificación Verra, monitoreo continuo y foco en deforestación planificada evitada (APD, por sus siglas en inglés). Carlos Jacob, socio-director de la compañía, ha dicho que el objetivo es devolver credibilidad internacional a los proyectos brasileños de conservación.
Eso no elimina las dudas estructurales del mercado. Un crédito de “deforestación evitada” sigue dependiendo de un escenario contrafactual: ¿qué habría ocurrido sin el proyecto? Si el precio de la soya se dispara o si el productor cambia de planes, la adicionalidad se discute. Si el fuego, la minería ilegal o la presión política erosionan el bosque, la permanencia también. Por eso los mecanismos jurídicos y de reserva no son un detalle técnico: son el producto.
¿Hay negocio para el productor?
Para Bedin, la pregunta es simple: ¿los créditos pagan más, o al menos de forma más estable, que la soya? El reportaje de Bloomberg plantea precisamente esa tensión: si un agricultor y una startup pueden ganar dinero salvando la Amazonia, el modelo se replica; si no, la frontera agrícola sigue avanzando por la vía legal.
Aún no hay un veredicto comercial público y consolidado sobre los precios de venta de estos créditos específicos. El contexto, sin embargo, es mixto: la demanda de soluciones basadas en la naturaleza podría crecer con fuerza hacia 2030 si los compradores recuperan confianza, y Brasil aspira a una porción relevante de ese mercado. Al mismo tiempo, los créditos de baja integridad han contaminado el precio de los de alta integridad.
Qué significa para América Latina
El caso resume el dilema amazónico de esta década. No basta con prohibir la tala ilegal. Hay que hacer que el bosque en pie compita con la soya, la ganadería y la infraestructura, en fincas privadas y con reglas claras.
Si el piloto de Roraima funciona —juridicamente, ambientalmente y en el bolsillo del productor—, ofrece un camino replicable: pagar por no ejercer un derecho legal de desmonte. Si falla, confirma lo que muchos compradores ya temen: que el mercado voluntario sigue sin un estándar suficientemente duro para financiar conservación a escala.
Fuentes: reportaje de Bloomberg (19 de agosto de 2026) e información pública del proyecto REDD+ Vale do Rio Branco / ZEG, coberturas de G1, Capital Reset y materiales de la empresa.