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El secuestro del general y posibles consecuencias. Por Guillermo Zurga (@Apresivo)

El domingo 16 de noviembre fue secuestrado por las FARC, el general del ejército colombiano Rubén Darío Alzate y dos acompañantes, en un sector de la hermana república de Colombia. Conocida ésta como una acción normal practicada por las FARC durante media década, esta vez representa un grave problema por darse en medio de las negociaciones de paz más largas en la historia de Colombia, iniciadas en noviembre de 2012. Es decir, 2 años de negociaciones difíciles, costosas, extrañas, aprobadas por muchos y cuestionadas por otros.

Como era lógico de esperar, el presidente JM Santos, ordenó a sus representantes en estas negociaciones no viajar a Cuba esta semana para continuarlas, lo que tácitamente implica que estarían temporalmente suspendidas hasta que la situación se normalice. El presidente colombiano ha condicionado continuar el proceso de negociaciones, exigiendo la libertad inmediata de los 3 secuestrados.

Ante esta compleja situación, cuando se pensaba que las negociaciones iban con viento en popa, y se pensaba que culminarían el próximo año 2015, para luego conformarlas con el pueblo colombiano mediante un plebiscito o consulta electoral nacional, se presenta este inconveniente, del cual se pueden sacar algunas conclusiones, con muchas interrogantes, posiblemente sin respuestas inmediatas. A saber:

¿Por qué el gobierno colombiano acepto negociar la paz sin suspender las acciones militares de ambos lados?

¿Por qué se escogió a Cuba como sitio de reuniones para las negociaciones a sabiendas del apoyo incondicional del gobierno cubano a las FARC.?

¿Por qué existe la percepción de millones de ciudadanos colombianos y de otras latitudes de que no habrá justicia ciega al final del proceso, ya que se aplicará la indefinida justicia transicional?

¿Por qué se acepta entrar en negociaciones de paz con las FARC, cuando desde el punto de vista militar, las FARC estaba prácticamente diezmada a punto de aniquilamiento?

CONCLUSIONES:

Es impredecible saber cómo continuará y terminará esta tragedia colombiana, si es que algún día cercano termina. Tampoco se sabe cuáles serán los resultados. Posiblemente las negociaciones de paz se reanuden, o se suspendan por un tiempo, o se desintegren. Cualquier cosa puede pasar para bien o para mal.

He seguido hasta donde me ha sido posible las intervenciones del ex presidente Uribe y su desacuerdo con algunos aspectos de estas negociaciones, bien conocidas por la mayoría de nosotros, los colombianos y los venezolanos. Sus planteamientos están bien respaldados por su ser él un político ganado 100% a la democracia. Y además, tener experiencia, conocimientos, sensatez y sentido común que le permitieron salir del gobierno con una inmensa popularidad, por haber puesto orden en Colombia. Con éstas credenciales, el ex presidente Uribe debería estar sentado al lado del presidente JM Santos y no al frente, en estas negociaciones tan difíciles y trascendentales para Colombia. Absurdo no aludirlo en estos momentos.

Respecto a los planes de la ultra izquierda marxista leninista, ideología política de las FARC,  el ex presidente Uribe luce tener claridad absoluta sobre éstos, razones para no desestimarlo y/o ignorarlo. Es mejor tener un solo frente enemigo de la democracia en las montañas, e intentar derrotarlo allá, que tener dos enemigos. Uno en las montañas y otro en el congreso colombiano haciendo política al lado de los demócratas.