Pianista y revocatorio; por: Henry Cabello / @Henry_Cabello

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La "Leyenda del pianista de 1900", es una película en la que se cuenta la historia de un huérfano que ha vivido desde niño en el barco "The Virginian" y que nunca abandonó esa nave para bajar a tierra firme. El niño aprende por sí solo a tocar un viejo piano y se revelan sus enormes destrezas para ese instrumento. Hay una escena donde el barco se mueve salvajemente batido por las olas de una tormenta. El pianista, trata de calmar la angustia de su amigo sentándose al piano, en medio de los vaivenes de las olas y tocando un vals. Piano, pianista y amigo mareado se mecen al compás de la tormenta hasta que vuelve la calma. La tormenta y el oleaje, para el pianista, no son más que una oportunidad para hacer música. Buena música.

Veo esta escena, una vez más, en medio de la espantosa tormenta política, social y económica que nos está azotando y creo encontrar un mensaje de serenidad y confianza. El niño pianista, acostumbrado toda su vida a los embates del mar, no presta mayor atención a lo que él considera simplemente otra tormenta más. Ya ha sufrido muchas y ha sobrevivido a todas. No hay manera de saber si ésta de hoy será la definitiva que terminará con su vida. Pero mientras no acabe, seguirá viviendo y tocando su piano.

La tormenta pasa y el sigue tocando hasta que un día se ha corrido la voz del prodigioso pianista del barco y otro afamado pianista decide aceptar el reto de enfrentarlo, en el mismo barco para determinar, de una vez por todas, cuál es el mejor y el más grande. Huelga decir que el soberbio pianista de tierra firme pierde el duelo y que el huérfano sobrevive y gana gracias a dos cualidades: su inquebrantable fe en sí mismo y su talento para capear tormentas.

El caso es que siento como si los venezolanos, asolados por un espantoso huracán, nos estuviéramos preguntando si éste será definitivo. Si hasta aquí llegamos. Si terminaremos todos ahogados en este océano de iniquidades y tormentos a que nos tienen sometidos. Y creo que no. Que seremos como el pianista huérfano del "Virginian" y que de una manera u otra, saldremos vivos del infierno para dedicarnos a reconstruir el país del que solo nos quedan retazos.

Cuestión de ingenuidad, de confianza en nuestras propias habilidades, de paciencia y de Fe. En esta película de la vida real, como en la literatura y el cine, el bien y la verdad siempre terminan por triunfar sobre el mal y la falsedad.

Y ese es el mensaje para el fin de semana esperando el lunes. Tengamos la Fe que nos inspira la serenidad y la certeza de que luchamos por la verdad y el bien. Y, eso sí, aportemos cada uno de nosotros el granito de arena que nos toca desde nuestras respectivas trincheras. ¡¡Venezuela es nuestra, no nos la robarán..!!