Eliminen los controles; por: Pedro Pablo Fernández / @PedroPabloFR

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Eliminar los controles de la economía es un requisito indispensable para acabar con el desabastecimiento y una manera de contribuir a controlar la inflación que le está quitando la comida de la mesa a la familia venezolana.

La mano invisible es una metáfora con la cual Adam Smith, economista y autor de la obra “La riqueza de las naciones”,  explicó como el mercado por sí mismo, dejándolo jugar con sus propias dinámicas, genera un funcionamiento óptimo de la economía.

De acuerdo con esta teoría, mientras menos control político o gubernamental exista mejor va a ser el desempeño económico y máximo el bienestar de la gente. La competencia, propia del mercado, trae como consecuencia natural que los escasos recursos sean destinados de manera eficiente a través del precio.

Este argumento está muy bien sustentado en la teoría y en efecto el mercado produce un resultado óptimo cuando se dan ciertas condiciones: competencia perfecta, determinación del precio a través de la interacción de múltiples ofertantes y demandantes, información accesible a todos, etc. El problema es que esas condiciones no se dan en casi ningún mercado. En casi todas las economías los mercados no son perfectos, hay monopolios y oligopolios, hay ofertantes que tienen el poder de fijar el precio y la información no es accesible a todos.

Esto lo sustenta con estudios muy bien documentados Joseph Stiglitz, premio nobel de economía. Incluso demuestra como en mercados competitivos, el resultado muchas veces no termina siendo el más eficiente.

Los argumentos de Adam Smith son difíciles de rebatir en el plano teórico, pero cuando uno verifica la realidad es Stiglitz el que tiene razón. Una intervención inteligente y moderada del Estado puede producir un resultado mejor que el mercado solo.

Es una intervención inteligente y moderada del Estado lo que puede producir un resultado mejor. Cuando el Estado pretende sustituir el mercado en la asignación de recursos y asfixia la economía pretendiendo controlar todo, el resultado es catastrófico.

Los casos de economías de planificación estatal deberían haber enseñado algo.

En la URSS, primer y mas importante experimento comunista en el mundo, se estiman siete millones de muertos durante la hambruna de 1932-1933.

En 1958 el gobierno comunista chino propuso un plan que llamó el Gran Salto Adelante. Pretendieron planificarlo todo desde el Estado, la agricultura fue organizada en comunas y se prohibió el cultivo privado. Acabaron con los incentivos para  el trabajo de los campesinos. Según las estadísticas del gobierno, el saldo del experimento fueron 15 millones de seres humanos muertos de hambre. Según las estimaciones no oficiales (mas confiables) las cifras llegan a 36.

La Cuba de Fidel y el Chile de Allende son demostraciones elocuentes del fracaso de una economía planificada.

Los cañicultores venezolanos terminaron la zafra de producción  2015-2016 con 3 millones de toneladas de caña molida, la producción más baja en 40 años. El precio regulado de la azúcar es Bs 380 y su costo de producción es 760. El 80% de la azúcar que se encuentra en los anaqueles es importada y se está vendiendo en $ 6.400. No es por especuladores que se vende a ese precio. Los importadores de azúcar están importando al dólar libre y el kilo de azúcar cuesta $1 afuera. Los cañicultores, que producto de las distorsiones de la economía producen a más bajo costo, piden que se les fije un precio en Bs 1.530 y el gobierno no da respuesta.

Esta es la guerra económica.

Estamos botando las pocas divisas que tenemos en importar cosas que podemos producir aquí. Los costos de los cañicultores se han incrementado porque necesitan materia prima importada. Si en lugar de importar le damos un dólar al cañicultor, él lo va a transformar en 5 porque va a convertir la materia prima en azúcar poniendo su maquinaria, su infraestructura y su mano de obra en bolívares.

El cañicultor le va a agregar valor a esa materia prima, va a generar empleo y va a contribuir a resolver el problema del desabastecimiento. Este ejemplo sirve para el resto de la industria.

Y no tengo espacio para escribir sobre el control de cambio, el más pernicioso de todos y fuente inagotable de corrupción, desde RECADI hasta nuestros días.

Eliminar los controles de la economía es un requisito indispensable para acabar con el desabastecimiento y una manera de contribuir a controlar la inflación que le está quitando la comida de la mesa a la familia venezolana.

Pedro Pablo Fernández

PFernandez@ifedec.com

@PedroPabloFR