A Monseñor Claudio María Celli; por: Pedro Pablo Fernández / @PedroPabloFR

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 “Queremos solicitar que interponga sus buenos oficios para que se cree una mesa donde participen el Gobierno y sectores productivos, que ayuden a solventar el drama económico y social que vivimos”

Queremos agradecer su presencia y el interés que el Papa Francisco ha puesto en Venezuela.

Hemos visto a la iglesia actuar. Somos testigos del enorme aporte que hizo Juan Pablo II en el colapso del comunismo en Europa. Fuimos testigos de cómo ese Papa polaco recibió en el Vaticano el 13 de junio de 1987 a Wojciech Jaruzelski, gobernante comunista de su país responsable de cientos de muertos y de más de 10 mil presos políticos, y de cómo luego de ese encuentro fue aclamado por más de 700 mil personas en Polonia. Sabemos la influencia que estos hechos tuvieron en la caída de los regímenes de Polonia, Hungría, Alemania Oriental, Bulgaria, Checoslovaquia y Rumania. Recordamos también aquel histórico encuentro con Mijaíl Gorbachov, jefe del Partido Comunista Soviético, que se produjo un par de años antes de la desaparición de la URSS.

Consideramos una bendición contar con una instancia de intermediación que va a centrar todo su esfuerzo en la defensa de la dignidad humana de cada uno de los venezolanos por encima de cualquier otra consideración. Sabemos que el Vaticano no va a claudicar en la búsqueda de lograr el reencuentro entre los venezolanos y la superación de la crisis política, económica y social y entendemos también que en esa búsqueda tendrán la paciencia que tiene una institución con más de dos mil años de existencia. Usted sabrá comprender la impaciencia justificada de los venezolanos por resultados concretos.

Entendemos perfectamente que el éxito de este diálogo que se ha iniciado no pasa por la instancia mediadora (Vaticano) sino por las partes dialogantes en conflicto, es decir: los líderes del gobierno y de la MUD.

Para resolver la crisis económica y social es imprescindible sustituir a este gobierno por uno que sea capaz de lograr un amplio apoyo nacional. Este gobierno no tiene manera de generar la confianza necesaria para atraer las inversiones que nos hacen falta, pero ningún gobierno que surja en medio de una confrontación agónica va a tener la capacidad de enfrentar el ajuste económico que Venezuela requiere.

La solución de la crisis política es compleja por el andamiaje institucional que le sirve de soporte al gobierno que incluye al Poder Electoral, al Poder Ciudadano, al Poder Judicial y a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. La radicalización política plantea las cosas en una suerte de matar o morir y eso lleva a los responsables de las instituciones del Estado a bloquear cualquier salida del gobierno.

Mientras la mesa de diálogo busca la solución de la crisis política, que irremediablemente va a tomar tiempo, deben crearse otras instancias que se ocupen de una crisis económica no puede esperar un minuto más. La gente no consigue medicinas, ni hay comida suficiente para todos los venezolanos y, por si fuera poco, ya la gente no tiene como pagarlas.

El problema del desabastecimiento se agrava, el aparato productivo cada día se reduce más, cada día nos hacemos más dependientes de las importaciones y no tenemos suficientes divisas.

La disminución de las divisas disponibles por el desplome de los precios del petróleo y un sistema cambiario ineficiente que estimula la corrupción han producido una caída dramática en las importaciones.

La presencia del Vaticano y de la comunidad internacional puede servir para forzar al gobierno a tomar unas medidas muy concretas que contribuyan a controlar la inflación, a resolver parcialmente el desabastecimiento de alimentos y medicinas, y a poner a la poca industria que nos queda a trabajar a su máxima capacidad.

Con financiamiento externo y con un nuevo sistema cambiario más flexible que garantice a los productores la compra y venta de divisas se puede aumentar los niveles de producción de la industria nacional.

Pedro Pablo Fernández

PFernandez@ifedec.com

@PedroPabloFR