Pilar de riqueza de una nacion; por: Mirtha Tovar / @terydejesus

Cuando conversamos con jóvenes preocupados por el futuro del país que participan hoy día en actividades de agenda política, que sienten la necesidad de involucrarse directamente en la búsqueda de un cambio de gobierno porque están conscientes de que su futuro está en juego, jóvenes cuyas aspiraciones están directamente vinculadas a partidos políticos, debemos tener en cuenta que, como futuros dirigentes y líderes, su formación integral es mandatoria.

Nos asaltan cuestionamientos tan relevantes en una Venezuela cuya idiosincrasia nos ha llevado repetidamente a revivir capítulos históricos de asaltos de arcas, corrupción, caudillos y ciclos reincidentes de dictaduras. Como herederos de una cultura española colonizadora, influenciada y moldeada por setecientos años de convivencia árabe, la posesión del poder, los sueños de grandeza, la búsqueda de la recompensa rápida en forma de riquezas no son ajenas a nuestra herencia cultural. Las preguntas obligadas entonces, producto de un proceso de autoconciencia de cada joven con aspiraciones de lograr una posición de peso que incida en las decisiones políticas, económicas y legislativas del país deben ser: ¿cuál es mi motivación principal? ¿qué me atrae a participar activamente en estos movimientos políticos tan tormentosos de hoy día? ¿mi vocación es la de un verdadero servidor público? ¿qué tengo para aportar a mi nación? ¿mis conocimientos técnicos o experiencia son útiles para agregar valor, innovar, mejorar procesos, cambiar paradigmas? ¿mi compromiso con el futuro de mi país empieza por mi compromiso con mi futuro propio? ¿espero dar más de lo que realmente estoy aspirando en retribución?

La atracción por el mundo de la política, aunado a poseer dominio innato en el arte de la oratoria y la retórica, a un liderazgo no educado y a una adictiva pasión nacida de concienciar que se goza del don de atraer y mover masas, cuando adolece de una formación académica sólida, de una vocación sincera de servidor público fundamentada en ética, moral y valores, pudiera dar forma a un líder político más, que llega a un cargo público sin idea clara ni de su responsabilidad, ni del trabajo que debe desempeñar, y peor aún, coronado por un egocentrismo inflado, producto de la victoria, que se alimentará enfermizamente del poder adquirido y de la flexibilidad moral que genera el "fácil" acceso a la riqueza.

Venezuela necesita jóvenes que den prioridad a su desempeño universitario, a su desarrollo profesional, que se demuestren a sí mismos que tienen calidad y valor que agregar a su país. La motivación debe estar en el "qué tengo para ofrecer" y no en el "pónganme donde hay".

La formación es esencial. Imperativo es, en consecuencia, que nuestros jóvenes aspirantes a posiciones de jerarquía política tengan acceso, no sólo a una formación en la que estén obligados a demostrar su liderazgo a través del éxito académico y político universitarios, sino acceso a una formación complementaria que les dote de herramientas y competencias que los empoderen para llegar a ser líderes íntegros e integrales, capaces de llegar a una posición de responsabilidad pública con los conocimientos técnicos necesarios para desempeñar la función.

Los venezolanos que elegimos por medio del voto a nuestras autoridades estamos en la obligación de analizar y estudiar trayectorias, a fin de seleccionar que nos representen justamente esos relevos formados, preparados para liderar exitosamente la nación.

Después de todo, la riqueza de una nación no está en los recursos naturales y minerales que pueda tener para explotar, sino en la capacidad que pueda tener dicha nación para educar y formar los recursos humanos que se encargarán de activar los medios de producción y diseñar los marcos económicos y legales que fomenten la explotación de estos recursos naturales y minerales.