Apure: un espejo del país; por Omar González Moreno / @OmarGonzalez6

Así de honda es la descomposición moral de la pandilla de granujas que desgobierna a Venezuela que llegaron  al extremo de robarse  la comida, medicinas, agua potable,  colchonetas y otros enseres que gente decente ha donado para auxiliar a  los miles de compatriotas que se encuentran damnificados en el Alto Apure producto de las lluvias y el desbordamiento de ríos.

El pueblo venezolano quedó horrorizado con las fotografías y videos donde aparecen efectivos de las fuerzas armadas, policías y otros funcionarios del gobierno, desternillados de risas,  vendiendo esos productos que habían sido  enviados gratuitamente desde diversos puntos del país por compatriotas sensibilizados ante la terrible tragedia que viven los habitantes de Guasdualito y sus alrededores

 Un agravante a la vil actitud de estos desalmados fue que,  para vender esa mercancía robada, previamente obligaron a hacer cola, con el agua al cuello, a centenares de hombres y mujeres que estaban desesperados tras permanecer varios días incomunicados, con los centros de abastecimiento, entidades bancarias, hospitales y hogares completamente inundados.  Para colmo, sin agua ni luz.

Más aberrante aún resultó ver a los llamados “revolucionarios” distribuir entre los niños pobres de Apure unas bolsas de leche que al destaparlas se comprobaba que contenían sólo agua y  los ojos del país miraron a través de las cámaras como este absurdo engaño  provocó que esos “hombres y mujeres del proceso” estallaran en un coro de carcajadas. Risas amargas que hicieron brotar de las gargantas de los apureños groserías de grueso calibre y airadas advertencias de mayor envergadura y trascendencia por las ilusiones defraudadas

También se supo que esos mismos bandidos,  “por órdenes superiores”,  retuvieron a todos los vehículos que llevaban donaciones para los damnificados de Apure y de Ipso facto procedieron a decomisar la mercancía para vendérselas más tarde a los damnificados o llevárselas para Colombia, en un asqueroso negocio con la miseria, la desgracia, la tristeza y el dolor de un pueblo.

Hoy, la ciudadanía apureña  como Venezuela toda se pregunta ¿dónde quedó  la promesa de la felicidad suprema, la justa distribución de los bienes, la escala de valores del marxismo a la cubana, disfrazado con el eufemismo de “socialismo del siglo XXI”, toda la perorata de la igualdad,  del  anti-capitalismo, etc.?  ¿Son estos rufianes los hombres nuevos que prometía formar Marx, el Che Guevara, Fidel  Castro, Hugo Chávez o Nicolás Maduro? La respuesta es sí. Ese es el producto más acabado del modelo que pregona el manifiesto comunista de Marx y Engels, el libro verde de Gadafi y las enseñanzas de Fidel Castro,  Kim Jong-Un, entre otros bellacos

Ese antro pavoroso, esa mafia de pillos que vimos actuar en Apure es la misma, en menor escala,  claro está, que ha saqueado al país; la misma caterva de delincuentes que mantiene depositados en  bancos  extranjeros, como los de Suiza, Andorra, Panamá, Isla Caimán, países árabes y otros paraísos fiscales más de 300 mil millones de dólares que se  han robado del  erario público.

Esos funcionarios que actuaron así en Guasdualito son de la misma catadura, de la misma facha, de la misma pinta de quienes ordenaron acabar con el aparato productivo nacional, para que todos dependiéramos del gobierno y para tenernos arrinconados en un callejón sin salida,  arrastrando los pies, como muertos en vida,  con las manos extendidas para recibir la limosna que les dé la gana repartir. Como sucede desde hace más de medio siglo en Cuba.

Allí observamos rostros similares al de los malandrines que roban y asesinan impunemente a los venezolanos de bien en las calles, dentro de sus casas, en el trabajo o en cualquier parte. La única diferencia –si  hay alguna- es que muchos de los que actuaron en Apure andaban con uniforme color verde perico y encharretados. Los otros tenían chapas que los identificaban como agentes del mal. Unos poquitos vestían de Louis Vuitton. Pero todos eran del mismo bando. 

Lo más triste es que eso que nos produjo estupor en Apure es un fiel reflejo de lo que pasa diariamente, con este régimen, en todo el país. Un espejo cuya imagen provoca nauseas.