Foro Económico Mundial - LATAM 2015. Por: Luis Eduardo Martínez Hidalgo / @rectorunitecve

Concluyó, en Cancún, el Foro Económico Mundial para América Latina (WEF Latam 2015), sin ninguna participación visible de Venezuela.

Centenares de funcionarios públicos del más alto nivel, empresarios, catedráticos e investigadores universitarios, analizaron,  durante varios días, la coyuntura de una región que mostró altos ritmos de crecimiento económico, amenazada ahora por los bajos precios de sus principales productos de exportación en el mercado mundial, lo que apoyó el pronóstico de voceros del Fondo Monetario Internacional, presentes en el Foro, de que el crecimiento en el subcontinente se reducirá en 2015 por quinto año consecutivo, fundamentalmente por el mal desempeño de Venezuela, Brasil y Argentina y a pesar de los buenos que se prevé exhibirán Panamá, con un alza del PIB del 6,0 %, Antigua y Barbuda, con el 5,4%, Bolivia, Nicaragua y República Dominicana, con el 5,0 %.

“América Latina y el Caribe deben encarar nuevos retos económicos y tecnológicos” fue unánime conclusión.

De los muchos asistentes, destacaron el estadounidense Joseph Stiglitz y la cubana Lina Pedraza.

Stiglitz, premio Nobel de Economía -a quien conocí tiempo atrás en Columbia University- en su conferencia titulada "An insigth, an idea" insistió en la necesidad de adelantar la reforma de la educación como base para impulsar el crecimiento económico, señalando que esta será la más transformadora en el mediano y largo plazo. Asimismo manifestó que es fundamental generar empleos y mejorar los salarios para lo que es indispensable la participación del sector privado.

Pedraza, Ministra de Finanzas y Precios de Cuba, explicó sobre el proceso de actualización del modelo económico de la isla, en particular la nueva Ley de Inversión Extranjera que propicia la participación del capital foráneo. El interés por Cuba fue tanto que, reseñan noticias del Foro, se hizo necesario acondicionar espacios adicionales para los encuentros de Pedraza con empresarios de todo el mundo entusiasmados, según sus propias palabras en Granma, “por conocer las posibilidades de inversión, e incluso de que sea rápido”.

No sólo fue el gringo Stiglitz y la camarada Pedraza, los que cimentaron sus expectativas de un mejor futuro en la activa participación del sector privado sino del Foro todo que llamó a “usar la carta del capital privado para desarrollar la infraestructura y minimizar la desigualdad” en Latinoamérica.

Capitales privados nacionales y extranjeros, en el marco de la mayor seguridad jurídica, políticas de estímulo para estos, especialmente fiscales y laborales, junto con  educación de calidad, fortalecimiento de las competencias de los trabajadores e innovación, son elementos claves de la receta para lograr no solo crecimiento económico sino desarrollo sustentable que se traduzca en mejores condiciones de vida para los pueblos latinoamericanos, rezagados muchos –entre ellos el nuestro- con relación a buena parte del planeta.

En lo que a Venezuela se refiere es imperiosamente necesario que cesen las palabras y los hechos contra el sector privado como primer paso para remontar la cuesta y alcanzar estamentos de prosperidad posibles. Lo de la guerra económica será bueno para el discurso y las gradas pero malo para garantizar que empresarios locales y foráneos inviertan, generen nuevos puestos de trabajo con salarios decentes, contribuyan al abastecimiento pleno, diversifiquen las exportaciones y disminuyan la recurrente dependencia del petróleo.

He conversado con muchos empresarios venezolanos que adelantan proyectos de variado tamaño en los Estados Unidos, Panamá, Colombia, República Dominicana y España, y en todos ellos he encontrado una suerte de insatisfacción porque lo que hacen fuera de nuestras fronteras no pueden hacerlo dentro; que estos expatriados vuelvan y contribuyan activamente en la construcción del país que merecemos debe ser propósito común.