Derrumbe del socialismo en Latinoamérica. Por Guillermo Zurga / @Apresivo

Luego de una racha de numerosos triunfos políticos de las izquierdas socialistas latinoamericanas, aglutinadas como partidos políticos dentro del Foro de Sao Paulo, ocurridos durante 15 años a principio del siglo XXI, e iniciada con el triunfo abrumador chavista de 1998, el cual contagió y emponzoñó a todo la región; hoy día, éstas izquierdas socialistas se vienen tambaleando de una manera que luce irreversible.

Signados por la corrupción, la improvisación, la mentira, la manipulación, el nepotismo, el populismo, el narcotráfico y extrañas políticas internacionales; gobiernos como los de Argentina, Brasil y Venezuela; están siendo observados, protestados y rechazados fuertemente por sus respectivos pueblos.

Salvando las diferencias existentes, entre los gobiernos de Argentina, Brasil y Venezuela, los cuales conforman un gran triangulo perverso del egocentrismo; los escándalos de corrupción y nepotismo vienen sucediéndose desde hace tiempo, pero contenidos por los propios gobiernos, quienes al parecer son al menos, cómplices y/o partícipes de éstos actos delictivos. El narcotráfico pulula ampliamente en estos países, ante la  indiferencia de sus gobiernos, razón para que hasta el Papa Francisco haya dado una voz de alerta, preocupado por la fabricación y distribución de drogas sintéticas en Argentina; razón para alarmarse. 

En Brasil, durante las presidencias de Inácio Lula da Silva, la luna de miel entre este gobernante y el pueblo brasileiro, debido a su carisma personal aunado a sus primeros éxitos económicos y sociales, se fue agriando poco a poco, hasta su salida del gobierno. La economía de Brasil empezó a dejar grietas y dudas sobre las políticas internacionales; a tal punto que Vilma Rousseff, casi pierde la reelección. Hoy día, el caso de Petrobras y la declinación económica del país, entre otros reclamos del pueblo, han desatado una ola de protestas en todo el país, entre las cuales hasta se exige la realización de nuevas elecciones. Existe la versión de que Vilma Rousseff sabía sobre la corrupción en Petrobras, que la protegió y actuó muy tarde.

En Venezuela la situación política es la más extrema en toda Latinoamérica. La decisión del gobierno de EE.UU. de considerar al gobierno de Venezuela un peligro para la seguridad de ese país, seguida de las sanciones a funcionarios venezolanos por violación a los derechos humanos y corruptos; han exacerbado  la situación política en el país. Las últimas noticias sobre la participación de PDVSA en actividades de lavado de dinero, en operaciones financieras con Bancos adiestrados en blanquear dineros mal habidos; han empeorado la percepción interna y mundial del gobierno de Venezuela, en materia de corrupción e ilegalidad.

Los gobiernos de Bolivia, Chile, Ecuador  y Uruguay, aún cuando no han llegado al extremo de la corrupción, abusos e ineficacia del gobierno dictatorial de Venezuela; le siguen apoyando en su desastroso desempeño y despótica actuación.  La génesis marxista leninista y anti imperialista de estos gobiernos les ciega; a tal punto, que desestiman las violaciones a los DD.HH., los abusos de poder, los actos de corrupción, las violaciones a la constitución y su asociación con el narcotráfico. Eso sí, disfrutan en grande fustigando a los EE.UU. 

Ante esta situación casi generalizada en sur América, donde la corrupción, la ineficacia, la desidia, el narcotráfico, el nepotismo, las políticas públicas deficientes y las arbitrarias políticas internacionales, donde países tan importantes e influyentes en la región, como Argentina, Brasil y Venezuela; son protagonistas principales; empiezan a vislumbrarse cambios radicales en la administración de esos gobiernos.

En fin, se espera que en los próximos años, los partidos gobernantes en estas naciones sean de ideología política de centro derecha, o de izquierda moderada. Es ilógico, ilegal e inmoral, que con el argumento de hacer justicia social y reducir la pobreza; sea necesario destruir la economía de un país, corromper  sus instituciones y dividir a su población; excluyendo y persiguiendo a las minorías políticas del país.