Al filo de la madrugada. Por Richard Casanova / @richcasanova

A pesar del oscurantismo que promueve el régimen, todo luce cada vez más claro.  Si alguien tenía dudas sobre la extrema debilidad del gobierno y su incapacidad para enfrentar la crisis, sus recientes actuaciones lo ubicarán en la realidad.  Las cúpulas podridas del PSUV creen que demuestran fuerza amenazando, persiguiendo y con acciones extremas como apresar arbitrariamente al Alcalde Metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma.  Al contrario, la gente percibe a un gobierno con el rabo entre las piernas, acorralado, víctima de su propia incompetencia y de sus miserias, tambaleándose, incapaz de ofrecer soluciones y obligado a recurrir a la represión para sostenerse en el poder. 

Y más allá de nuestras fronteras, los atropellos del gobierno reafirman su talante autoritario y su vocación militarista, la pestilencia se hace insoportable, hiede a dictadura.  Estas desproporcionadas actuaciones justifican que cualquier país solicite que se aplique la Carta Democrática y brindan solidez a las múltiples denuncias sobre violaciones a los DDHH que se han consignado en diversos organismos internacionales.  En ese ámbito, el mundo se le pone chiquito al régimen. Algunos dirán ¿Para qué sirve eso? La experiencia de otros países nos orienta al respecto.  Por ejemplo, además de la protesta pacífica y la unidad de las fuerzas opositoras, la presión internacional fue determinante para imponer una salida electoral en Chile y en contra de su voluntad, aquella férrea dictadura militar se vio obligada a entregar el poder. Por cierto, los minoritarios sectores que hoy en Venezuela siguen enfrascados en cuestionar la ruta electoral y centran el debate en la conveniencia de participar “con este CNE”, también deben estar revisando su posición. Los arrebatos de odio, las tropelías y desmanes muestran a un gobierno aterrado ante una cita electoral que se les viene encima como un alud. Tales acciones buscan una respuesta igualmente desesperada que conduzca a una ruptura del orden constitucional y la consecuente suspensión de los comicios parlamentarios. Así las cosas, las fuerzas democráticas deben protestar enérgicamente, actuar con firmeza pero sin caer en provocaciones, ni salirse de la ruta electoral que tan devastadora resulta para el gobierno.  

Por si fuera poco, estos abusos y despropósitos tienen un efecto cohesionador en el campo opositor que el hamponato gubernamental no ha dimensionado, ligereza que puede ser letal para la mal llamada revolución. Cierto, no se equivocan quienes pregonan que “sobran razones para unirnos”.  Evidencia de ello es la presencia de Henrique Capriles junto a María Corina Machado a las puertas del SEBIN, exigiendo la liberación de Ledezma y de Leopoldo. La solidaridad que siempre ha existido, hoy se hace visible ante la injusticia desbordada. La unidad como valor esencial para promover el cambio, ahora se hace tangible. De pronto sentimos que –diría Héctor Lavoe- todo tiene su final. No olvidemos que la hora más oscura de la madrugada es justo antes de amanecer. ¡Unión y cambio!