Venezuela y sus prioridades a largo plazo. Por Guillermo Zurga / @apresivo

Hablar de acciones y resultados a largo plazo pareciera incongruente ante la catastrófica situación de Venezuela, con muchas y variadas necesidades a corto y mediano plazo. ¿Por qué entonces escribir sobre nuestras necesidades a largo plazo, con tantas necesidades inmediatas? La respuesta es sencilla. Estoy convencido de que el liderazgo político de nuestro país, con algunas y muy pocas excepciones, es mayoritariamente “cortoplacista”. Es decir dedican sus esfuerzos, energías y creatividad, para ganar las próximas elecciones generales, municipales y/o presidenciales al corto plazo; obviando el largo plazo.

Cuando analizamos los gastos y desembolsos en base a porcentajes del Producto Interno Bruto (PIB), nos encontramos, con que en educación, salud, proyectos de inversión, infraestructura y servicios públicos, estos desembolsos son inferiores al gasto militar, los subsidios, las donaciones a otros países y la corrupción.

Desperdiciamos criminalmente nuestros recursos en gastos secundarios superfluos, dejando de invertir en la verdadera necesidad de proyectos sociales y de inversión rentables de largo plazo, para asegurar el futuro de una mejor Venezuela, que beneficie a toda su población. La planificación del gasto y las pocas inversiones que se hacen parecieran llevar el sello del populismo, de la irresponsabilidad y la ceguera en visualizar un mejor destino para el país. El actual gobierno es un ejemplo típico de esta ceguera y desidia. Por lo tanto estas reflexiones van orientadas hacia los próximos gobiernos de Venezuela, de los cuales se esperará den mayor relevancia a las inversiones a largo plazo, tanto en lo social, como en lo industrial y estructural.

Para el desarrollo armonioso e integral de un país, es fundamental invertir prioritariamente en: 1) Educación, 2) Salud, 3) Respeto y cumplimento de las leyes, 4) Existencia de un proyecto único de país, 7) Unidad nacional alrededor de ese proyecto país, 8) Infraestructura vial y de transporte, 9) Puertos y aeropuertos, 10) Hotelería, y 11) Mejora de los servicios básicos. 

Dado que tal plan a largo plazo requiere de muchísimas inversiones de capital, es fundamental apoyarse en el capital privado, al cual deben dársele las garantías jurídicas y condiciones políticas para que vengan al país a invertir y a participar en nuestro desarrollo. La sensibilidad social de la empresa privada se promueve y se estimula, no se impone con la fuerza, ni con la argucia de leyes torcidas para ejercer controles perversos.

En esencia, habría que trabajar intensamente en ampliar y mejorar la calidad de la educación, atacar fuertemente la corrupción, reducir la impunidad a un mínimo posible, contener la criminalidad, fortalecer los valores humanos de la población, mejorar sustancialmente la justicia, y establecer el estado de derecho.

El preciado recurso humano de Venezuela, vital para el desarrollo de cualquier país, está muy deteriorado, mal educado, desmejorado, golpeado, indefenso, acomplejado, desunido y atemorizado; sobre su futuro incierto. Creo que las personas pensantes en su mayoría coinciden con esta apreciación. En consecuencia debemos pensar prioritariamente en él. En cómo se reeduca, se recupera, se mejora, se prepara; como para enfrentar los retos del futuro. Por ello hablo de largo plazo (10, 20 años o más). Las nuevas generaciones de venezolanos deben por necesidadsocial y obligación moral, superar a las actuales.

El venezolano de ese futuro que visualizo, debe ser: mejorciudadano, mejor empleado, mejor empresario, mejor comerciante, mejor juez, mejor obrero, mejor militar, mejor profesional, mejor persona, mejor policía, mejor político y un mejor gobernante. En fin, un mejor venezolano promedio que el actual. Queda pues en manos de la voluntad de la generación política que prevalezca, luego de la salida del poder de este gobierno actual, para colocar las cosas en su sitio, y de comprometerse seriamente a recomponer a Venezuela para ubicarla en el sitio que se merece. Quizás hará falta un pacto parecido al de Punto Fijo, con características más nacionales que partidistas, para proteger la democracia y garantizar el desarrollo integral del país.