Una obligación moral; por: Pedro Pablo Fernández / @PedroPabloFR

En diciembre de 2001, después de una larga recesión económica, la crisis en Argentina se hizo insoportable y se inició una protesta popular espontánea

En diciembre de 2001, después de una larga recesión económica, la crisis en Argentina se hizo insoportable y se inició una protesta popular espontánea, que no respondía a ningún partido político, bajo el lema “¡Que se vayan todos!”. 

Las fuerzas del orden salieron a contener las manifestaciones. Muchas personas perdieron la vida.

A pesar del estado de sitio decretado por el presidente De la Rúa, las calles de Buenos Aires y de las ciudades más importantes se llenaron de protestas que fueron creciendo en intensidad. El Presidente, en un discurso transmitido en cadena nacional, instó a la oposición a dialogar. Tres horas después De la Rúa huía de la Casa Rosada a bordo de un helicóptero. 

La crisis política no terminó ahí. Las protestas siguieron y la inestabilidad política produjo una sucesión de cuatro presidentes encargados. El 2 de enero de 2002 Eduardo Duhalde fue elegido por la Asamblea Legislativa y en el momento de asumir dijo: “Argentina está quebrada. Este modelo en su agonía arrojó a la indigencia a dos millones de compatriotas, destruyó a la clase media, quebró nuestras industrias, pulverizó el trabajo de los argentinos. Hoy, la producción y el comercio están, como ustedes saben, parados; la cadena de pagos está rota y no hay circulante que sea capaz de poner en marcha la economía”.

Duhalde anunció un gobierno de unidad nacional para poder darle un piso político suficiente al proceso de reconstrucción política, institucional y económica.

Durante los años siguientes la economía siguió contrayéndose, el desempleo llegó a 50%, 18 millones de personas pasaron a situación de pobreza y 9 millones cayeron en la indigencia. Eso ocurrió en un país que llegó a ser la quinta economía más grande del mundo.

Nuestro país está viviendo una crisis económica de proporciones similares. Si no se logran acuerdos mínimos las consecuencias sociales de esa crisis se van a agravar exponencialmente.

La política, como todo, debe estar sometida a la ética. Estamos en la obligación moral de buscar acuerdos mínimos para enfrentar la crisis, porque de mantenerse un clima de confrontación el próximo año las consecuencias que puede tener son de proporciones inimaginables.

Nadie gana con la confrontación. A ninguno le conviene la profundización de la crisis. Pierde el Gobierno, pierde la oposición y perdemos los 30 millones de venezolanos.


Pedro Pablo Fernández
@PedroPabloFR