Insecticida contra la plaga roja, por Richard Casanova (@richcasanova)

Tanto libros sagrados como profanos pregonan que las pestes que asolaron al mundo antiguo eran un castigo de los dioses. Incluso, pensadores racionales como Aristóteles, atribuían estas epidemias a la influencia de los astros. Fue Hipócrates –padre de la medicina- quien habló en sus textos de la calidad del aire y del agua, entre otras consideraciones.  Lo cierto es que hubo plagas que fueron devastadoras para el mundo griego como la Peste de Atenas (428 AC), que posiblemente fue decisiva en la Guerra del Peloponeso. El invencible imperio romano también fue azotado por pandemias, hasta Marco Aurelio fue víctima de la primera de ellas. Grandes epidemias cambiaron el curso de la historia: en el año 637 las fuerzas romanas y persas mermaron ante los ejércitos musulmanes.  Otro ejemplo: la Peste Negra, la gran epidemia que -a mediados del siglo XIV- flageló a casi toda Europa.  Mis amables lectores pensarán que este es el preámbulo para hablar del Dengue o del Chicungunya, pues no. Aunque ciertamente vamos a referirnos a sus causas, a la verdadera plaga que azota a Venezuela: la boliburguesía del PSUV. Una plaga roja, rojita aunque a veces luzca verde oliva.

Naturalmente, hay diferencias.  Si en la antigüedad culpaban a los dioses o a los astros de cualquier epidemia, ahora la Plaga Roja nunca es culpable y peor aún, pretende ocultar la realidad poniendo en riesgo la vida de la población.  Durante la Peste Negra, en algunas regiones de Europa la violencia se volvió contra los judíos; en Venezuela la Plaga Roja ha desatado una persecución contra médicos, gremios, estudiantes y cualquier expresión de organización social que ponga en evidencia la crisis del sistema de salud. La historia registra un horroroso antecedente de la guerra bacteriológica: ejércitos intentaban capturar fortalezas catapultando cadáveres infectados para contagiar a las ciudadelas.  Hoy el régimen cubano-militar catapulta sus propias miserias para someter a la población, uniformar a la sociedad, restringir las libertades e ideologizar el conflicto social, planteando un falso dilema entre izquierda y derecha para ocultar su fracaso e inmensa corrupción.  Si la Plaga Negra provenía de Asia, quizás de la India y llegó a Europa como consecuencia de los contactos comerciales, seguramente la Plaga Roja argumente que el Chicungunya es consecuencia del capitalismo.

Y para hablar de semejanzas, la Peste Negra fue determinante para generar la profunda crisis económica y social que padeció occidente a finales de la Edad Media. Aquí, la Plaga Roja es responsable de la pavorosa tragedia que vivimos los venezolanos, es una desgracia que ha destruido la patria y el porvenir de muchas generaciones.  La Peste Negra fue una de las mayores catástrofes demográficas que registra la historia de la humanidad, hasta amenazó al reino de Castilla al cobrar la vida del propio monarca, Alfonso XI. Claro, tal riesgo no está planteado en Venezuela. Aunque la Plaga Roja siempre anda con el llantén del magnicidio, la verdad es que se siente inmune -incluso a la ley- reina en la impunidad. Pero ninguna plaga es eterna y tenemos el mejor insecticida, las elecciones parlamentarias… ¡Y eso es ya!