¿Hasta cuándo oponernos dócilmente? por: Guillermo A. Zurga (@Apresivo)

Las minorías políticas democráticas de Venezuela, aquellas que perdieron las elecciones presidenciales en 1998 y las que perdieron la constituyente y la segunda elección presidencial de 1999; han venido luchando democráticamente desde entonces para volver al gobierno y no han podido lograrlo hasta el presente.

La forma de gobierno en Venezuela – o revolución bolivariana tal como la califica éste -  ha venido cambiando en el tiempo, a tal punto que la mayoría de estas minorías y la sociedad civil democrática  que le acompaña, considera que el gobierno cambió, de un gobierno democrático a una dictadura, lo cual ha ido sucediendo progresivamente sin que esto haya podido ser frenado de una manera enérgica y contundente.

Cuando voces de protesta se levantaban para criticar la conducta inconstitucional del gobierno, el difunto ex presidente Hugo Chávez decía socarronamente, que su revolución era pacifica, pero armada. Para los entendedores, esto significaba que tenía el apoyo político del alto mando de la Fuerza Armada Nacional.

Dado que cuando el chavismo se dio cuenta que un gran sector de las FAN, empezó a mostrar su inconformidad por el trato, manejo y politización de las FAN, el liderazgo del régimen creyó conveniente crear una enorme milicia armada, la cual se justificó con la excusa de prepararse para una lucha de guerrillas contra los EE.UU., en caso de que esa nación decidiera invadir a Venezuela. EE.UU. no ha invadido a Venezuela, y esta jamás se producirá. Aun así, el régimen sigue hablando de aumentar las milicias civiles armadas en cantidades insospechadas. Al parecer, hoy, al enemigo que temen es a su propio pueblo.

Ya muchos venezolanos dan por descontado que este gobierno representa y actúa como una dictadura marxista leninista, al igual que la de Cuba, pero con diferencias en estilo. La venezolana es  más sofisticada y moderna, que las tradicionales dictaduras comunistas del pasado, gracias al aporte cubano, quiénes la han diseñado y enriquecido, dándole “valor agregado” a la misma, dada su larga experiencia en dictaduras.

Mientras tanto, el régimen de Venezuela se ha ido reestructurando y fortaleciendo en su revolución marxista leninista para lo cual hablan de etapas, misiones, motores, comunas, vice presidencias territoriales, etc., a objeto de lograr la  profundización de la revolución. Tal profundización, es interpretada por muchos – entre los que me encuentro - como lograr el control total del país, incluyendo el dominio de la sociedad venezolana, de la economía e industrias privadas que aún quedan por estatizar, incluyendo la propiedad privada. Ante esta evidencia irrefutable, las minorías políticas del país siguen indecisas, pensando en elecciones, sin tener un plan B, el cual aplicar en caso de que esto que está en progreso se produzca, como es de esperarse.

Es bien conocida la posición del régimen de no  reconocer el fracaso del socialismo, razón que esgrimen para no pensar en otro tipo de sistema económico en Venezuela diferente al socialista. Se acaba de iniciar la campaña de ideologización del agricultor venezolano bajo la conducción de uno de los comunistas más dañinos para el país como lo ha sido Elías Jaua. Su misión sería la de crear cientos de miles de comunas para nacionalizar al sector agro pecuario. Pareciera ser que el “sacudón” anunciado por Maduro, tiene algo que ver con vetar la acostumbrada participación del capital privado, en el sector agro pecuario.

Los cambios esperados en políticas económicas no se produjeron y pareciera que no se producirán; hecho este, que solo nos induce a entender que la profundización de la revolución es un hecho, que no habrá giro ni cambio hacia el sistema económico de libre mercado y que la suerte de Venezuela ha sido echada y refrendada. Es decir, vamos rumbo al final de las libertades: económicas,  ciudadanas y de expresión; para imponer la estatización de la economía y la propiedad comunitaria.  Ante toda esta ilegalidad e ineptitud del régimen de Venezuela, me pregunto: ¿Hasta cuándo oponernos dócilmente? ¿Qué tenemos que hacer?

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