La tarea no es competir, es ganar, por: Pedro Segundo Blanco (@pedrosegundoABP)

Estamos viviendo una de las horas más menguadas de nuestra historia republicana, atravesamos por el momento histórico que acumula los mayores déficit de democracia e institucionalidad, cruzamos la escabrosa ruta del peor desempeño económico que haya transitado nuestro pueblo desde que somos República independiente, sobrevivimos frente al régimen más cruel y violento que jamás habíamos padecido, porque carecen de escrúpulos a la hora de usar el estado, las armas y el poder para atropellar y aplastar a quienes disienten, y somos testigos presenciales de los más escandalosos hechos de corrupción, confrontación y muertes, propiciados desde el centro del poder que dirige a Venezuela, desde hace dieciséis años, cuando una élite económica y política, cargada de odio, resentimiento y venganza decidió respaldar el proyecto que encarnó el protagonista principal de las asonadas del año 92, que pretendió con las armas de la Nación asaltar el poder en nombre de la supuesta dignidad del pueblo que ellos decían representar y contra la satanizada democracia que por espacio de 40 años le dio al país las cuatro décadas de mayor estabilidad política y progreso social y económico a nuestra sociedad, y lo último estoy dispuesto a debatirlo en cualquier escenario.

El fatídico destino que le esperaba a Venezuela, con el suicidio de la democracia, ya había sido advertido el inolvidable 13 de agosto de 1998 por el ex presidente de la República Carlos Andrés Pérez, quien desde la casa por cárcel en La Castellana dio una entrevista al periodista colombiano Jorge Cura y advirtió el caos, la dictadura y el despotismo que vendría para Venezuela con el acceso de Hugo Chávez al poder, porque el teniente coronel era un enfermo ambicioso de poder, y por uno de los principales promotores de la nueva República que lideraría Hugo Chávez, el señor Jorge Olavarría, cuando el 5 de julio del año 2000, en su histórico discurso ante el último Congreso de la República, rompió con el proyecto chavista y también sentenció que el fallecido presidente, convertiría al país en una verdadera REPUBLIQUETA, sin instituciones serias y democráticas y con todo el poder concentrado en su persona; refresco estos episodios de nuestra cercana historia porque es necesario llamar la atención del liderazgo político, económico y social del país, para que nos pongamos de cara a esa terrible realidad que padecemos y tomemos con mayor seriedad y responsabilidad el compromiso de sacar a Venezuela de este atolladero.

Necesitamos ganar una mayoría contundente en las elecciones parlamentarias del año próximo para poder frenar esta borrachera de insensatez demencial como bien lo afirmó Jorge Olavarría, pero para ello debemos entender que para ganar tenemos que conquistar el respaldo, entusiasmo y calor de nuestro pueblo, y eso sólo es posible legitimando los liderazgos en todas las regiones del país, no podemos cometerle un nuevo fraude a la democracia, convoquemos de una vez las elecciones de base o PRIMARIAS para escoger los líderes que nos representarán como candidatos a la Asamblea Nacional en toda la Nación, nuestra gente no es pendeja, no crean que podemos volver a engañar al pueblo buscando excusas, subterfugios y trampas para nombrar en cuatro paredes a los abanderados, porque la respuesta va a ser la que estamos oyendo en todas las comunidades, que si los vuelven a burlar y se reparten las candidaturas, el pueblo nos cobrará con el voto o con la ausencia en las urnas electorales, es tiempo en que salvar la República y rescatar la democracia esta primero, dejemos en manos de los votantes la decisión y estoy seguro que de esa consulta saldrán las mejores y los mejores líderes de los partidos políticos y de la sociedad, que conformarán la mejor coral que con sus cantos por la democracia y la libertad, lograrán que Venezuela nos acompañe masivamente en 2015, en la noble y delicada tarea de nuestra reconstrucción institucional, moral, económica, social y política. 

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