¿Queremos todos lo mismo? Por: Mirtha Tovar / @terydejesus

Se dice que las crisis son las cunas de las oportunidades. En Venezuela, cuántas veces hablamos de la importancia de sumar, de solidarizarnos con las necesidades del hermano, de las lecciones que deberíamos estar aprendiendo con esta coyuntura nacional actual, plena de ineficiencias, corrupción, impunidad, rencores y divisiones egoístas.

Por un lado, destaca un gobierno que no sabe conducir al país hacia la recuperación, que cree que improvisando leyes e imponiendo el cómo deben hacerse las cosas alcanzará a salir del hueco en el que se metió y logrará que el pueblo obedezca por la vía de la fuerza. Por el otro, tenemos a venezolanos hastiados de una realidad de inseguridad, desabastecimiento, escasez, inflación, ineficaz asistencia sanitaria, obstáculos, limitaciones de crecimiento e imposibilidad de alcanzar sueños, que optan por evadir y huir del país; tenemos a los resignados que se quedan porque no les queda otra; a los que deciden quedarse porque tienen la patria en la médula y luchan por sueños de libertad, justicia, trabajo duro por recuperar a su tierra y abrirle los ojos a los demás aportando un granito de arena cada día, según lo que mejor sepan hacer; a los que sienten ese amor patrio y ese dolor en el alma y que, con lo que dan sus vísceras, salen a defender sus derechos con energía y esperanza; a los que, de este último grupo, con su ejemplo de perseverancia y congruencia entre verbo y acción, son hoy día presos de conciencia que siguen luchando desde sus encierros, porque con su modelaje y ejemplo continúan, no sólo educando al venezolano opositor, sino haciendo fuerte ruido en las conciencias de quienes los tienen cautivos e impartiendo lecciones a quienes no entienden el verdadero sentido de valores como igualdad, hermandad, libertad, coraje, justicia, perseverancia, valentía, disciplina…

En este marco crítico de país, en el que se vive una continua incertidumbre y cuesta mantener la boca cerrada, porque una sorpresa sucede a la otra, hay una realidad indiscutible. La mayoría de la población es víctima y sufre las consecuencias de un gobernar sin rumbo, basado en un modelo económico producto de decisiones e instrucciones que parecieran salir de papelitos bajo la manga de líderes enfermos de poder, que los sacan al azar para girar las instrucciones a equipos de aprendices indisciplinados, enceguecidos por el desconocimiento o con la necesidad u obligación de obedecer. Independientemente del descolor o color político, tanto chavistas como opositores, militantes de partidos o independientes, reciben a diario los azotes de la creciente pobreza, carencias e ineficiencia en todo ámbito. 

Algunos chavistas, que perseguían el sueño de su líder, se sienten ahora huérfanos, confundidos, desorientados y sin brújula, buscando nuevos planteamientos que apoyar. Irónicamente, los disidentes del chavismo, hace tiempo claros de que este gobierno no les conduce al logro de sus metas y sueños, están también dispersos, confundidos, indecisos entre tanta variedad de planteamientos de cambio que apoyar: renuncia del presidente, asamblea constituyente, desobediencia civil, parlamentarias, revocatorio… Todos, hermanos venezolanos, “como pajaritos en rama”, volteando perdidamente hacia la derecha y la izquierda, escuchando propuestas de líderes que no se ponen de acuerdo, que no se entienden entre ellos y que no ofrecen alternativas unificadas. Parece que se hablara idiomas diferentes, parece que se tratara frustradamente de construir la Torre de Babel y no se alcanzara a entender más allá de la confusión entre sonidos sin significado.

¿Escucharán los líderes? ¿Y qué hay de la cuna de las oportunidades? ¿Es ésta la oportunidad de oro para sumar a los desorientados? ¿Y la imperativa necesidad de escuchar, analizar y lograr acuerdos a favor del único afectado?: El pueblo venezolano. ¿Es ésta la coyuntura ideal para acoger a los indecisos que ya no apoyan al estado improvisador? ¿Todos quieren realmente construir lo mismo? Un país estable, productor, con crecimiento económico, educación,  salud, niños y jóvenes con sonrisas y garantía de futuro. 

La única realidad es que Venezuela es una sola, conformada por un solo pueblo, una sola tierra, una sola patria y el futuro que se sueña, ¡sólo lo forja el venezolano! La historia que vivimos, ¡sólo nosotros la escribimos!

 

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