Promesas, encrucijadas, decisiones y destino. Por Mirtha Tovar (@Terydejesus)

Por: Mirtha Tovar / Lechería

Es bueno hacer un refrescamiento de memoria a quienes continúan esperando los ofrecimientos del actual sistema socialista venezolano. Darse un paseo por las promesas presidenciales es sano y sensato cuando de tomar decisiones se trata, en estos tiempos coyunturales de escenarios de frustración, encrucijadas y crisis.

Comencemos por la promesa de acabar con la corrupción. En la campaña de abril del 2012, Maduro ofreció que para lograrlo se crearía una “Gran Misión Eficiencia”, la cual combatiría la corrupción, el burocratismo y lo mal hecho. De seguidas, prometió fortalecer las Misiones, con lo que se construiría 3 millones de viviendas por cada misión, habría 3 millones de pensionados y el Mercal llegaría a satisfacer la demanda del 80% de los hogares venezolanos. En materia económica, prometió garantizar el crecimiento económico como meta de estado, se produciría alimentos para satisfacer la demanda nacional, se controlaría la inflación y la especulación para garantizar los derechos sociales. En el campo del aprovisionamiento eléctrico, se encargaría de “voltear como una media” el Sistema Eléctrico Nacional, reestructurándolo totalmente para mejorar el servicio, militarizaría las estaciones y garantizaría así la seguridad y el abastecimiento. 

Un año después, en plena bonanza petrolera y en época de vacas gordas, tal vez para reforzarse sus propias “buenas intenciones”, seguimos escuchando que impulsar el socialismo se logrará a través de la generación de nuevas misiones, planes masivos de asistencia de salud, vivienda y becas financiadas con ingreso petrolero. El crecimiento económico se alcanzará a través del incremento de la producción agrícola, la potenciación del aparato productivo y el control de precios y, la guinda de la torta, para el 2019, el 90% de los alimentos básicos será de producción nacional. En el ámbito petrolero, evidentemente no puede quedarse atrás, levantaríamos el bombeo a 4 millones de barriles diarios en el 2014 y a 6 millones para el 2019. En materia de seguridad, se haría un esfuerzo por combatir el hampa, mejorando el patrullaje. Y la última de esta lista, pero no la menos importante, ¡el fin del dólar paralelo!

¿Qué tal? ¿Dónde están las viviendas? ¿Los inquilinos de la Torre David ya tienen casa? ¿La “amplia variedad de productos en los anaqueles” dicen todos “Hecho en Venezuela”? ¿Cuánto miedo sienten algunos que, a la luz de velas, escuchan los disparos fuera de su casa? ¿O será que se construirá más morgues para satisfacer la demanda? Nuestros hermanos heridos y enfermos que esperan en el piso frío de los hospitales, ¿reciben el beneficio del plan masivo de salud? ¿Ha sido tal el incremento en la producción de crudo, que ahora necesitamos importarlo? ¿Y las colas de noche entera empujando carros para cargar gasolina?

Ahora que hay menor ingreso por concepto de renta petrolera, debido a la baja del precio del barril de crudo, ¿quiénes financiarán la corrupción? ¿Serán los venezolanos pechados ahora con más impuestos por gastos suntuarios, bebidas alcohólicas y transacciones bancarias? Y, no sólo eso, ahora se pagará más por la gasolina porque “el pueblo así lo pidió” con sus aplausos, en el marco del evento de clausura del Congreso de la Clase Obrera del 17 de noviembre pasado.

Hermano venezolano, comer sano y a gusto es tu derecho, recibir digna atención médica es tu derecho, tener casa con electricidad es tu derecho, ser protegido por las fuerzas del orden es tu derecho, tener empleo y educación de calidad son tus derechos. Reflexiona, pon tus pensamientos en una balanza y ten firmemente en cuenta tus derechos. 

Cierro usando las palabras de un joven estudiante preso político, Nixon Leal, cuya carta me marcó esta semana: “Es nuestro deber recordar al venezolano que él es el único que tiene potestad para elegir…”. 

¡Nuestro destino es asunto nuestro!

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